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Sábado, 4 de febrero de 2006
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Sociedad
«Todos somos criminales si se nos toca el resorte adecuado»
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Argentino, de la mismísima vera del río de la Plata, Raúl Argemí empieza a sentirse a sus 57 años un poco asturiano. Aquí fue premiada su anterior obra, 'Penúltimo nombre de guerra', con Dashiell Hammet de novela negra, en una de las muchas Semanas Negras a las que ha asistido, y aquí fue proclamado ayer Premio Tigre Juan su trabajo todavía inédito 'Siempre la misma música'.

-¿Dónde nos lleva esta vez su narración premiada?

-Irremediablemente a Argentina. A la Argentina de 1978, en plena dictadura militar. Ese es el marco, pero no el eje, que está en una serie de personajes no políticos, sino delincuentes comunes, que se disputan el crimen y se enfrentan por celos y amor.

-La corrupción política es entonces el escenario y no la protagonista.

-Eso es. Me apetecía describir aquel escenario, desde la perspectiva de unas personas que no estaban involucradas en él, a las que, realmente, lo que ocurría en el poder les importaba poco o nada. Lo único que sabían es que la corrupción política les estaba quitando el negocio, el tráfico de armas, el de coches robados, el de drogas, incluso el negocio de los secuestros.

-Lo suyo es la intriga psicológica. ¿Nos encontraremos esta vez un enigma o tampoco?

-No no lo hay. Se puede definir esta novela como negra, pero porque es la muerte la que cataliza todo, como en las narraciones de género. Es, además, la relación entre los personajes la que marca las pautas. Si lo piensas lo que hay es un reencuentro con el complejo de Edipo. Siempre regresamos a la tragedia griega.

-¿Hay que conocer la personalidad criminal para escribir sobre ella?

-Desde luego, pero eso es fácil. Todos somos criminales. Sólo hace falta que nos toquen el resorte adecuado o, en algunos casos, que nos den licencia para matar. Nos diferencia de los genocidas que ellos no necesitan permiso para el crimen, pero no podemos olvidar que ellos también son humanos y no gente de otro planeta.

-Dice el jurado del Tigre Juan que su cuarta novela será un hito.

-Espero que guste. A mí me gusta mucho y me ha gustado mucho escribirla, sobre todo por los muchos registros que tiene. Hay historias que se pueden contar en primera persona, que enganchan al lector, pero te limita el campo de acción. Ésta tiene una estructura no original, en el sentido de que los capítulos en lugar de sucederse se repiten para contar la misma historia desde otros lugares, otros personajes y otras miradas.

-¿Como las secuencias paralelas en cine?

-Algo parecido, son sucesivos Flash-backs, miradas al pasado, unas sobre otras, que me permiten hablar de 1978, ocho años después. Incluso, volver a principios de siglo.

-Le han dicho más veces que su literatura es cinematográfica ¿está de acuerdo?

-Puede que sí, pero lo cierto es que nadie podría llevar al cine lo que yo escribo. Sería imposible. Ya me pasó con 'Penúltimo nombre de guerra'. Todo el mundo decía en Gijón, cuando estuve en la Semana Negra, que era totalmente cinematográfica, pero creo que la literatura tiene muchos menos límites que el cine.

-Menciona la Semana Negra es un invitado asiduo.

-Sí y quiero volver, aunque sólo sea para rendir homenaje a uno de los seres más extraordinarios que he conocido y que acaba de morir. Hablo del escritor Justo Vasco. Creo que la Semana Negra, que es sin duda, una de las fiestas culturales más increíbles que conozco, donde todo es horizontal y los lectores pueden compartir experiencias con sus escritores, debería vestirse de luto durante su próxima edición.



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