EN las noches de lluvia cansada de llover la plaza del Marqués se llena de espías con las manos en los bolsillos, que beben mal vino y hacen como si no se miran, pero que buscan el Grial o el lanzagranadas o la fotografía de una mujer en apuros.
Alguien me había dicho que incluso hay una espía que parece un dibujo animado y otra que se asemeja a la imperfección, pero no me lo creí hasta que a Gonzalo le pasó lo que le pasó el miércoles pasado, a eso de las once, de una noche de lluvia tonta.
Él, me dice, estaba en la plaza Mayor, maravillado ante tanta maravilla, dispuesto a cantar las cuarenta a una muchacha sin tiempo, cuando empezó a llover, y fue empezar a llover y llenarse la plaza de espías y desaparecer la muchacha y las maravillas.
Gonzalo me dice que se sintió espiado, sí, pero no mucho, no con la intensidad que se espera del espía que espía, así que se adentró en la plaza y se perdió entre gabardinas, sombreros y medias de malla. Había quien hablaba idiomas comprensibles y quien hablaba idiomas incomprensibles, pero eso a Gonzalo no parece que le haya importado más que un comino.
La cosa fue cuando una mujer más atractiva que dios le dijo que simulase al tiempo que lo agarró por el culo y lo hundió en su gabardina y en su boca. No fue un beso largo y Gonzalo cree que la mujer lo hizo para que no la vieran los rusos o para que no la vieran los chinos, o para que no la vieran los afganos, pero fue un beso, o como me dijo Gonzalo: «Fue un beso».
Y cuando iba a reaccionar y a decirle un par de cosas a la espía, va otra y me lo agarra otra vez y le dice que disimule y me lo mete en la gabardina, entre sus piernas armadas y le arrea otro beso, pero más largo, como de aquí hasta allá, y me dice Gonzalo que ése sí que sí y que le dijo la espía que gracias por ayudarme porque me vigilan los israelitas y que él le dijo que de nada, pero que quedó enamorado.
Dice Gonzalo que desde esa noche ya ha jugado dos veces con ella y con unas esposas, pero no sé. Lo que sí es verdad es que Gonzalo tardó siete besos en atravesar la plaza, y me dice que quien no crea que el sitio se llena de espías en las noches con lluvia asquerosa, es que no tiene ni idea.