Hace tiempo que Ramón Isidoro mantiene buenas sintonías con la música y la escenografía. Pero esta exposición que presentó ayer en el Museo Barjola patenta definitivamente sus principios, alternando fotografía, música y color en soportes muy envolventes.
La muestra se nutre de cajas y planchas de luz, ubicadas en el suelo y las paredes de la Capilla de la Trinidad. Son imágenes obtenidas durante los conciertos del grupo musical Manta Ray, con cuyas escenografías colabora hace ocho años.
El conjunto asturiano ha compuesto varias piezas para la ocasión, empleadas como fondo musical del montaje y distribuidas con el catálogo de esta singular exposición. De alguna manera, en las imágenes se perciben impulsos similares a los del Ramón Isidoro pintor, simbolismos, diálogos, purezas espaciales y otras sintaxis líricas; evocaciones que siguen argumentos eclécticos, en pos de lo sublime. Es, quizás, una vuelta de tuerca a ese 'algo más imperceptible' que le mueve, esa pasión válida para amantes de lo emotivo.
No es raro que la instalación resulte aquí fructífera, bajo el empeño de un esteta místico, contemplativo y capaz de entusiasmar con sus creencias expresivas. Luz, espacio y sonido como ejes de una mirada pura.