Para Reyes la edad no es un obstáculo. Tuvo a Paloma con 37 años y confiesa que ya piensa en repetir. «Hasta los 40 no paro», asegura. Esta abogada, a la que la maternidad le llegó a una edad que los médicos estiman ya 'madura' para eso de engendrar niños, quiere que Paloma «tenga un hermano o una hermana». Eso, a pesar de que el calendario vaya en su contra. Aunque es consciente de que su deseo y el de su marido es casi una tarea 'contrarreloj', Reyes González, ya con 38 años, no se acobarda. «Hay muchas mujeres como yo», recuerda.
Tiene razón. El retraso de la maternidad ya no es solo un fenómeno exclusivo de la farándula o la jet set. Ser madre cuando se está a punto de cumplir los 40 o cuándo se pasa incluso esa barrera ya no es una realidad reservada para 'madonnas' o 'carolinas de Mónaco'. El fenómeno, que los médicos han bautizado como el de las madres añosas, pisa cada vez con más fuerza en Asturias. El caso de Reyes es uno más entre los de tantas asturianas que postergan la maternidad hasta conseguir cierta estabilidad familiar y laboral.
Reconoce Reyes que ella ya empezó un poco tarde para lo que la sociedad entiende o entendía como típica madre primeriza. «Me casé con 33 años y aunque nos pusimos a buscar enseguida, un aborto espontáneo lo retrasó todo un poco». Paloma llegó cuatro años después, en un momento en que «ya casi no lo esperábamos». Y es que Reyes, al igual que otras mujeres con más de 35 años, se obsesionó por tener hijos. «Eso es lo peor que puedes hacer», aconseja para quienes puedan estar ahora en su situación.
Y, ¿qué tal eso de ser una madre 'madura'? «Fenomenal», responde. «No sé cuál es la diferencia con respecto a una chica de 20 o 25 años. Yo me encuentro muy bien y afortunadamente tuve un embarazo y parto normal», comenta. «La única diferencia es que te hacen muchas más pruebas, ya que al tener una cierta edad los riesgos son mayores».
Trabajo a media jornada
Tan bien le ha ido en la experiencia de ser madre que ya inició «la búsqueda de otro. Me apetece», dice. Eso, a pesar de que poco después del nacimiento de Paloma se vio obligada a reducir su jornada laboral. «No podía con todo, vivía muy estresada», comenta esta letrada, que trabaja en Gijón pero que vive en Oviedo y para quien los horarios laborales «no están pensados para que puedas tener hijos». Eso y la falta de estabilidad laboral es, en su opinión, lo que hace que cada vez más mujeres tengan que elegir entre trabajar o ser madres. Ella, con todo, se considera afortunada ya que «puedo hacer media jornada en el trabajo y además, dispongo de mis padres y los de mi marido, que nos ayudan muchísimo en el cuidado de la pequeña», confiesa.
«Quise asegurarlo todo»
El de Diana Formento es un caso parecido al de Reyes, aunque con otros matices. «Quise asegurarlo todo y lo retrasé demasiado», relata. Antes de dar el salto hacia la maternidad, esta gijonesa que ahora tiene 39 años esperó a tener un trabajo estable y una vivienda digna. Entró en el club de los hipotecados con 35 años y «cuando nos pusimos a buscar niño casi se me había pasado el arroz, como me había advertido tantas veces mi madre».
Al final, el pequeño Matías llegó hace un año. «Si hubiera pasado de los 40 no sé si me hubiese animado», reconoce. No obstante, rectifica a renglón seguido ya que «los avances médicos y científicos permiten que cada vez los embarazos y los partos sean mucho más seguros».
Esta gijonesa, que trabaja como vendedora en un comercio de la ciudad, no irá por el segundo, como Reyes. «Uf, que va, con uno me basta. Para criar a dos tendría que dejar de trabajar y eso es algo que no nos podemos permitir», explica. Diana está feliz con su Matías pero no puede evitar un tono de lamento: «La sociedad te hace elegir entre ser madre o trabajar. Es contradictorio, ya que por un lado el gobierno dice estar preocupado por la baja natalidad, pero por otro, no pone facilidades para los que quieren ser padres».