El Sporting perdió su primer partido de la temporada en El Molinón, con una decepcionante actuación, frente a un rival al que le bastó hacer muy poco para llevarse los tres puntos.
De entrada, Ciriaco Cano solucionó el problema provocado por la ausencia a última hora de Pablo Álvarez con un cambio de sistema. El extremeño utilizó por primera vez un 4-4-2 en casa, desde el principio, en lo que va de temporada.
Enfrente, el Nástic mantuvo un 4-2-3-1, con presión y sin dejar espacios libres con un dispositivo cerrado, a la espera de algún contraataque. En el primer tiempo apenas hubo trabajo para los porteros, con demasiados efectivos en el centro del campo, lo que hacía que el juego resultara embarullado, con muchas imprecisiones y entregas a los contrarios. Además, el conjunto catalán se empleaba con más contundencia y se excedía en el número de faltas, con el permiso del debutante Gallo Moreno.
Un disparo de Biagini, que debuto Álvaro, y un remate de Abel Buades, con un desvío espectacular de Roberto, fueron las únicas acciones que pudieron cambiar el signo de un partido aburrido.
Al equipo visitante le bastaba lanzar algún balón en largo para crear sensación de peligro con la presencia del nigeriano Ekpoki, respaldado por Ismael y con un Cuéllar muy activo.
El Sporting asumía más riesgos, al tener que llevar la batuta del encuentro, pero le faltaba sentido práctico y una mayor presencia de los centrocampistas, con unos apoyos al ataque que eran demasiado tímidos.
Poco más dio de sí el primer tiempo, en el que ambos conjuntos ofrecieron un fútbol anodino y sin ideas, con aburrimiento para el espectador.
Tras el descanso Ciriaco Cano recuperó su sistema habitual de esta temporada, para lo que pasó a Juan al centro del campo y escoró a Calandria a la banda izquierda, con Biagini como único atacante.
El conjunto gijonés dio la sensación de tener más ambición en su salida, pero se le cortó el ritmo con el gol de Ekpoki. El nigeriano cabeceó una falta ejecutada por Cuéllar, con sentido de la anticipación ante Jorge.
De forma casi automática, el técnico placentino volvió al 4-4-2, para buscar un mayor poderío ofensivo, al tener el resultado en contra. Los rojiblancos tuvieron más empuje y algunas fases aisladas en las que merecieron conseugir la igualada. Un remate de Biagini fue rechazado por un poste, aunque en otros lanzamientos faltó precisión.
Con el marcador a favor, Luis César, técnico del conjunto catalán, optó por reforzar el sistema defensivo para lo que dio descanso a Ismael y decidió dar entrada a Merino, jugador de contención en el centro del campo, zona en la que el capitán visitante Buades imponía su fuerza.
Al Sporting se le complicaba más el partido, porque el centro del campo no tenía la consistencia suficiente, carecía de acompañamiento en la llegada y todo el peligro se resumía a los balones que pudiera recibir Biagini y a las escaramuzas de Gerardo o de Calandria, pero sin finalización en sus intentos ofensivos.
Los peligros también llegaban a balón parado, con la incorporación de Jorge en las estrategias. El defensa gijonés fue el más activo en este tipo de acciones, aunque sin la puntería precisa, ni la reacción necesaria en los balones que quedaban sueltos en una segunda jugada.
Un cambio absurdo
Ciriaco Cano sorprendió entonces con los cambios. El técnico retiró a Biagini, que era de los pocos jugadores de los que se podía esperar algo en ataque. También quitó a Juan, con molestias. Pablo Lago ocupó la banda izquierda y Karanka se puso en la delantera, aunque pocas veces pisó el área.
La intención del extremeño parecía que era buscar otro dibujo táctico, con la presencia del vitoriano para aprovechar sus mejores condiciones en el juego aéreo, pero el desarrollo del juego era embarullas, impreciso, con un centro del campo roto y hasta en la defensa surgían algunos despistes, sobre todo por la zona de Sastre. En cualquier caso, resulta complicado encontrar alguna explicación coherente a la sustitución de Biagini, que fue censurada por una parte de los aficionados.
En la fase final el Sporting jugó más con el corazón que con la cabeza, en medio de una desorientación total, mientras que el Nástic, sin arriesgar, tuvo una oportunidad para haber ganado con más holgura. Lo evitó Roberto, que fue el mejor de un partido para olvidar, en el que ni siquiera hubo el aliciente del debut de dos juveniles y hasta el centenario liguero del portero lucense del conjunto rojiblanco quedó empañado por el mal juego y la derrota.