Es el más novato de los 'barones' regionales del PP, ya que hace apenas tres semanas que sucedió a Manuel Fraga como presidente del partido en Galicia. Pero Alberto Núñez Feijóo ya ha demostrado, en ese corto periodo de tiempo, que puede hacerse oír con personalidad y voz propia en las filas de los populares, en asuntos tan polémicos como la reforma estatutaria, en la que está participando de forma activa en la comunidad vecina frente a la inactividad de otros dirigentes de su formación. Este amigo y discípulo político de Francisco Álvarez-Cascos -quien lo nombró presidente de Correos cuando era ministro de Fomento- no vacila en iniciar negociaciones con sus principales rivales políticos, Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana, pero tampoco en criticarles con dureza con motivo, por ejemplo, de la cumbre astur-galaica celebrada hace una semana, que según él demostró el papel secundario que tanto la Xunta como el Principado desempeñan hoy en el panorama del socialismo español.
-¿Qué análisis realiza de la cumbre astur-galaica?
-Nosotros valoramos que se celebren estas cumbres, porque es bueno para Asturias y para Galicia que haya coordinación, entendimiento, fluidez y lealtad entre los dos gobiernos, algo de lo que nos alegramos. Dicho esto, habría que ver qué acuerdos se alcanzaron, porque una reunión en la que participan setenta personas, incluidos los presidentes, consejeros y muchos altos cargos, tendría que ser muy trascendente y con muchos acuerdos políticos.
-¿Y no ha sido así?
-Estamos a la espera de que el Gobierno nos remita la documentación completa, pero de las declaraciones realizadas hemos sacado tres conclusiones: primero la Xunta pidió perdón por conflictos que había creado la propia Xunta; después, los dos presidentes constataron que el Ministerio de Fomento no los escucha y tuvimos que ver a dos gobiernos socialistas poniéndose de acuerdo para que otro gobierno socialista les haga algo de caso, y en tercer lugar, se quejan del sistema financiero pactado por su Gobierno central para Cataluña. La constatación es que son dos comunidades de tercera en el panorama del socialismo español.
-En lo de la petición de perdón, se refiere a las declaraciones de Anxo Quintana sobre la propuesta del BNG de posibilitar la anexión a Galicia de municipios asturianos. ¿Ha quedado zanjada esa polémica?
-No lo sabemos. El Bloque no ha retirado esa propuesta.
-¿Qué opina sobre ella el PP?
-Con todos los respetos, creo que es anacrónica e impropia del siglo XXI. Estamos por que Asturias y Galicia se pongan de acuerdo, por destruir fronteras, y no por crear otras. En esa zona limítrofe se mezclan las culturas, la forma de vivir, los idiomas, y eso es positivo. Pero de eso a decir que se anexionen... Habría que preguntarse qué diría el Bloque si el Principado hiciera lo propio con Ribadeo.
-El Principado y la Xunta demandarán a Fomento que todos los tramos de la autovía del Cantábrico estén licitados o en obras en 2006. ¿Lo ve usted improbable?
-Lo que se ve seguro es que no será así. Aquí en Galicia tenemos licitados sólo cuatro o cinco tramos, más de la mitad de la autovía está sin iniciar. Yo creo que los asturianos y gallegos no podremos comunicarnos por ella en su totalidad en toda la primera década del siglo XXI, porque no parece que vaya a estar terminada antes de 2010. Las Cortes habían pactado que estuviera finalizada en 2007, pero ese año habrá incluso tramos sin empezar.
-¿Se opondrán Areces y Touriño a la financiación pactada por Zapatero para Cataluña?
-No está claro. El problema es que las comunidades socialistas, salvo Cataluña, han salido perjudicadas, porque todas van a ser de segunda. Se ha instaurado el concepto de la España asimétrica, de dos velocidades, que es una aspiración catalana vieja e insolidaria. Van a disminuir los fondos de solidaridad, de suficiencia, porque la tarta es la que hay y, si uno se lleva más, tiene que ser en detrimento de otros.
-Quintana pide que Galicia negocie su financiación de forma bilateral con el Estado.
-El nacionalismo siempre defiende lo mismo, la relación entre naciones. Pero me parece un principio radicalmente equivocado, primero porque para Galicia es perjudicial y segundo por el modelo de Estado, porque para mí no cabe una España de naciones, sino de autonomías.