En España, su nombre ha sonado alguna vez asociado al de Ronaldo. «Nunca hemos sido otra cosa que amigos», recalca ella. Pero Brenda Costa es mucho más que la amiga de tal o cual futbolista famoso. Detrás de sus medidas perfectas y su 1,77 de estatura se esconde una historia conmovedora y admirable, la de una sordomuda de nacimiento que ha logrado encaramarse a lo más alto en el ruidoso mundo de la moda.
A sus 23 años, Brenda puede presumir de encontrarse en lo mejor de su carrera. Vive a caballo entre París y Nueva York y trabaja en las principales capitales del mundo de la moda. «La semana que viene me marcho a Jamaica, donde tengo que posar para un catálogo alemán», ha contado la modelo a este periódico. Sin embargo, su vida no siempre fue un camino de rosas.
'Belle du silence' (Bella del silencio) está causando sensación en Francia y pronto aparecerá en España. En ese libro, Brenda relata su peculiar trayectoria; cómo gracias a la obstinación de sus padres y a su naturaleza optimista aquella niña, sorda absoluta, fue adiestrada desde los dos años por una prestigiosa ortofonista.
«No me dejaron utilizar el lenguaje de los signos, aunque básicamente lo conozco, pero mi familia prefirió que aprendiera a leer los labios y que hiciera el esfuerzo de expresarme porque así superaría más fácilmente los obstáculos», nos cuenta Brenda desde Río, a través de una original entrevista por e-mail.
Cuatro sentidos
Cuando se le pregunta qué es para ella el silencio, la modelo no lo duda: «El silencio, desde que nací, es mi mundo. No sabría definirlo, porque no conozco el mundo de los ruidos. Sólo puedo decir que el silencio me ha ayudado a desarrollar mis otros cuatro sentidos».
La que llegaría a ser imagen del perfume 'Shalimar' de Guerlain tuvo que sortear también alguna que otra zancadilla. «Una vez -recuerda-, mientras esperaba mi turno en un 'casting', el cliente salió y me llamó por mi nombre. Lógicamente, yo no lo pude oír. Pero mis compañeras, pese a conocerme, tampoco me avisaron. Así que perdí la prueba».
Su primera oferta como modelo la recibió siendo apenas una niña, cuando se doraba al sol de Río. Pero su madre no quiso que comenzara tan pronto. Años después, cuando estaba decidida a desfilar, un 'booker' le cerró las puertas alegando que, con su deficiencia, era imposible llegar a ser modelo. Salió llorando de la agencia. Y en la puerta se topó con el propietario del negocio. Su madre le explicó lo sucedido. Y él, padre a su vez de un niño sordo, le dio una oportunidad.
Brenda desfila como cualquier otra, aunque no escuche la música, gracias a su sentido del ritmo y capacidad de imitación. Y adora bailar la samba, pues dice sentir las vibraciones. También es capaz de leer los labios en portugués, inglés y francés. Y sigue estudiando para entender otras lenguas, entre ellas el español, y para que los sonidos que emite sean cada vez más comprensibles.
Lejos de resultar callada o introvertida, a esta modelo le encanta hablar. «Para empezar, no soy muda -aclara-; puedo mantener una conversación con cualquier persona de Brasil. Con una sonrisa todo se supera. La simpatía es la mejor arma de defensa».
Florecer y volar
Su madre, que también pertenece al mundo de la moda, ha estado siempre detrás. «Sin ella -admite Brenda- nada de esto habría sido posible. Es una mujer maravillosa que ha sabido dejarme florecer y volar con mis propias alas, con un apoyo extraordinario. En realidad, he tenido una infancia muy feliz. Aunque mis padres se separaron siendo yo muy jovencita, han sabido ser amigos y, sobre todo, cómplices para asegurarse de que creciera como cualquier otro niño».
Brenda tiene actualmente un «noviete» -como ella dice-, en Río, «totalmente ajeno al mundo de la moda». E incluso luce un anillo; pero aún no piensa en boda. «Quiero formar una familia algún día -explica la modelo-, pero aún soy muy joven y debo concentrarme en mi carrera. Pregúnteme por marido e hijos en unos siete u ocho años».