El Sindicato de Hostelería de Asturias, mayoritario en Gijón, también reconoce que el servicio prestado a los clientes y, sobre todo, a los turistas no es el adecuado, aunque hacen una matización: «Es el mejor de los posibles teniendo en cuenta las circunstancias». David Alonso, portavoz de esta agrupación de trabajadores, explica que «la explotación laboral y los sueldos miserables nos han quitado la vocación». Asegura que cada año entre 600 y 700 gijoneses culminan su formación para trabajar en hostelería, mientras que en el conjunto de la región la cifra anual de profesionales titulados llega hasta los 1.500. «Los mejores de cada promoción se marchan de Asturias en busca de mejores oportunidades».
Los destinos que eligen los recién graduados están lejos de su tierra, pero les ofrecen una «mejor calidad de vida y un trabajo más digno». «La gente se va a la costa levantina y las islas porque allí se cumplen los convenios. Aquí sólo el 5% de los establecimientos lo hacen», afirma Alonso. Los datos recogidos por esta agrupación indican que las jornadas laborales tienen una media de once horas al día. Durante la época estival, «hay un desmadre generalizado y se llegan a trabajar hasta 18 horas».
«Inversión de futuro»
La 'fuga' de profesionales a otras comunidades y las «carencias» del actual modelo formativo son, a juicio del sindicato, responsabilidad directa de la patronal, «que no ha sabido aprovechar las subvenciones europeas para hacer una inversión de futuro en capital humano, limitándose la mayoría a conseguir sellos de calidad sin preocuparse de formar a buenos profesionales que, en efecto, hagan el local merecedor de ese sello».
David Alonso advierte de la cada vez mayor presencia de los inmigrantes, que ya copan el 25% de los puestos del sector. «No tenemos nada contra los extranjeros, lo que no queremos es que trabajen de forma ilegal y que contribuyan a degradar aún más la profesión, aceptando jornadas monstruosas por un salario que apenas les da para comer».