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Domingo, 12 de febrero de 2006
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GIJÓN
GIJÓN
Lo que el agua no se llevó
Un grupo de agentes de viaje atrapados hace un año en un crucero a la deriva celebra en Gijón el primer aniversario del frustrado naufragio
DE FIESTA. El grupo con el pequeño Adrián en el centro. / BILBAO
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«Volvimos a nacer. Este es nuestro primer cumpleaños, aunque ya seamos mayorinos». Deva, agente de viaje del Grupo Unida, estaba ayer feliz en Gijón. Ella, junto con otros 14 compañeros de profesión, procedentes de oficinas de toda España, celebraba en el Hotel Trip Rey Pelayo un especial 'happy birthday': hace un año, todos sufrieron la terrible experiencia de pasar 36 horas en un crucero a la deriva, frente a las costas de Menorca, en un mar embravecido que a punto estuvo de costarles la vida.

Pero, para dar capote a la clásica depresión que acompaña a una experiencia aterradora, los 15 decidieron que lo mejor era «juntarnos para celebrar que estamos vivos, porque, aunque pudo ser una tragedia, lo cierto es que a ninguno de los pasajeros le pasó nada grave». Ni siquiera a Libertad, agente de Toledo, que aquel 14 de febrero de 2005 celebraba haber descubierto «que llevaba seis semanas embarazada». Ayer, en Gijón, se pudo comprobar que la experiencia no marcó su embarazo, ya que un feliz Adrián, de cuatro meses, sonreía a todo el mundo, tranquilo, desde los brazos de su mamá «es muy sonriente, pero se nota que vivió el incidente, porque ¿tiene unas ganas de marcha!».

A pesar de las risas, todos confesaron tener alguna huella en su cuerpo o en su alma del penoso crucero. La más afectada en la morla, Beatriz, agente de Madrid, que se quedó impacta con las fotos que adornan el restaurante Cabo Torres, del hotel: barcos en mares con marejada.

Ella asegura que «no quiero volver a viajar en barco» y, aunque ya lo hizo, «por obligación», la experiencia no fue «nada agradable». Policarpo, sin embargo, niega la mayor en lo que a angustias se refiere, pero muestra un codo con las marcas de una fuerte quemadura «fue de rodar por la moqueta de la discoteca».

Y Mariví y Nica, de Madrid y Gran Canaria, recuerdan una experiencia paranormal: «de todos los libros de la biblioteca, el que quedó en medio del pasillo, abierto, fue la biblia». Hace un año, la fe ganó adeptos.



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