Un San Benito pesa sobre los hombros de Avilés y parece que le cuesta un enorme esfuerzo quitárselo de encima: la ciudad industrial y sus humos tapan todo lo demás. Algunas guías turísticas, herramientas muy utilizadas por los viajeros, siguen siendo injustas con la ciudad. José Antonio Fidalgo, en la guía 'Asturias', de la editorial Everest, publicada en el año 2002, destaca que «el Avilés de antaño, con su bucolismo de villa y su marinería de puerto pesquero, dio paso a la ciudad sobrecargada de gente y humos que hoy conocemos».
Sin embargo, la mayor parte de publicaciones modernas reflejan el espíritu de cambio y transformación que vive la ciudad desde hace al menos diez años, además de resaltar la importancia de su casco histórico y su «buen estado de conservación».
El mejor ejemplo lo ofrecen Alberto del Río y Juan Carlos de la Madrid, profundos conocedores de la realidad actual y del pasado de la ciudad. En la guía 'Avilés', publicada en 1998, por ediciones Júcar, escriben: «Avilés actualmente se recicla despues de una brutal invasión industrial. Es la gran desconocida de Asturias. Tenga la seguridad el viajero de que va a encontrar una bella ciudad».
Cierto también que para encontrar la «bella ciudad» es necesario buscarla. Los accesos a la ciudad ofrecen panorámicas poco alentadoras para los que busquen monumentos y bellos edificios. Lo apuntan Javier Martínez Reverte, Juan José Plans y Juan Carlos Alonso en la guía 'Asturias', de la editorial Anaya, lanzada en 2005. «Quien sólo conozca de paso la vía de circunvalación se llevará una sorpresa al detenerse por las calles del casco viejo porque, aunque aún grises por el humo, revelan una ciudad histórica muy viva y animada y con no pocos monumentos ».
La idea de «encantos escondidos» la defienden también Álvaro Blázquez y Agustín Cerezales, autores de la 'Guía viva de Asturias', de Anaya, que vio la luz el año pasado. «Avilés es una ciudad que esconde más encantos que los prometidos por sus barrios periféricos y que conserva importantes monumentos».
El mismo Cerezales, en otra publicación que firma en solitario, la 'Guía Total', de Anaya, de 2005, recupera el mito de la ciudad industrial superpuesta a la pequeña villa que fue Avilés hasta la segunda mitad del siglo XX. «Ciudad de rancio abolengo, cambió radicalmente a partir de los años cincuenta al convertirse su concejo en un gran centro siderúrgico». A pesar de la sentencia, no falta la referencia al casco histórico. «No obstante conserva toda su importancia monumental», reza la guía.
A pesar de las opiniones más o menos acertadas de los diferentes autores, todas las guías consultadas reflejan buena parte de los monumentos avilesinos; palacio de Llano Ponte, de Valdecarzana, iglesia de San Nicolás de Bari, capilla de los 'Alas'... Aunque tampoco faltan las erratas. El citado Fidalgo llama a la iglesia de Los Padres Franciscanos 'iglesia de San Nicolás' o a las instalaciones de Asturiana de Zinc, 'astilleros de cinc'. Además, atribuye a la ciudad la conservación del «Bron», lengua gremial que utilizaban los caldereros y que estudiosos como José Manuel Feito, párroco de Miranda, tratan de rescatar, pero que difícilmente podrá ser escuchada por las calles avilesinas. Aún así, José Antonio Fidalgo escribe: «Aún mantiene las viejas tradiciones (...) y un habla particular, el Bron, característica del gremio de los caldereros».
Primera Guía Comarcal
Con el fin de promocionar la comarca fuera de la ciudad y acabar con la visión catastrofista que se tiene de ella, la Mancomunidad Comarca de Avilés presentó el pasado 25 de enero en la Feria Internacional de Turismo, Fitur, la guía 'Comarca de Avilés' de la colección 'España comarca a comarca', que edita Alhena.
Esta guía, que incluye 17 rutas para realizar a pie, en coche o en bicicleta y cuyo autor es Ramón Baragaño será presentada en Avilés a finales de este mes. Después, se presentará en Oviedo, Gijón, Barcelona.