CREO que el antiguo cine Hernán Cortés ha tenido suerte, y nunca mejor dicho. Si se tiene en cuenta la suerte (es un decir) que han corrido otros cines tradicionales del centro de Gijón, como el Robledo o el Arango, que son, o van camino de ser, una hamburguesería y un centro de cirugía estética, a uno le parece que el destino de casino es mucho más digno y señorial. Claro que los casinos tampoco son lo que eran, y hace tiempo que no exigen rigurosa etiqueta, como la de Bogart en Casablanca, para echar unas manos de póker contra la banca.
No me acuerdo de cuál fue la última peli que vi en el Hernán Cortés, pero sí de que entonces (principios de los noventa) estaba hecho unos zorros, con unas horrorosas butacas de patio en color naranja. Daba bastante pena y no había muchos motivos para imaginar una segunda vida como la que ahora va a empezar el edificio. Si dejamos a un lado los colores fuertes que, por lo visto, son indispensables en este tipo de negocio (aquí domina el rojo), el resumen sería que la rehabilitación se ha hecho con respeto y bastante buen gusto. Los jugadores llegarán el miércoles y, con ellos, la suerte, o la mala suerte, estará definitivamente echada.