ASOMADA a un balcón que da a una gran avenida, hallábase Sibila, la bruja de El Natahoyo:
-Llevo aquí unas cuantas horas aplicada en el intento de practicar mis dotes telepáticas, mas ya estoy a punto de abandonar la tarea tras haberme sumido en una fase de 'teleapatía', o sea, de indolencia ante la imposibilidad de leer los pensamientos de alguno de los muchos transeúntes que cruzan constantemente bajo el balcón.
-Habrá perdido facultades -pensé.
La bruja giró entonces la cabeza como la niña poseída de 'El exorcista' y dijo con una sonrisa burlona:
-Me inclino a pensar que es el personal el que ha perdido la capacidad, o el hábito, de pensar.
Sabedor, por la propia experiencia acumulada, de que Sibila tiene toda la razón, decidí de inmediato cambiar de asunto e interesarme por las técnicas mágicas más practicadas por ella.
-Como casi todo el mundo sabe, soy la creadora de la 'oriciomancia' o lectura del futuro en las huevas de los erizos marinos. Es la especialidad más solicitada por mi numerosa clientela.
-¿No existe también demanda de maleficios? -me interesé a continuación.
-Mucha. Pero una servidora se atiene a una norma antañona redactada por Alfonso X El Sabio y contenida en 'Las Partidas', que me sé de memoria: «Non deben haber pena, antes galardón por ello, quienes ficieren encantamientos u otras cosas con buena intención, así como para sacar demonios de los cuerpos de los omes, o para desligar a los que fueron marido e mujer que non pudiesen convenir en uno, o para desfacer nube que echase granizo o niebla, o para matar langosta o pulgón que daña el pan o las viñas, o por alguna otra cosa provechosa semejante». Yo siempre me muevo en el mundo de la llamada magia blanca, y jamás piso el proceloso camino de la magia negra, a pesar de recibir muchas peticiones en tal sentido, especialmente para realizar maleficios a través de figurillas de cera formadas a imagen de las personas a quienes se desea perjudicar.
-Cuéntame algún caso, por favor.
-De eso, nada, que el secreto profesional es sagrado. Solamente te diré a grandes rasgos que si hubiera aceptado las proposiciones de dirigentes socialistas partidarios de Villa y Areces y, últimamente, de concejales del Partido Popular de Gijón, a estas horas no quedaría cera en los paneles ni 'cereyu nes oreyes' de los asturianos.