El PSOE ya no cuenta con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en la reforma del Estatuto catalán. Tanto es así que ha decidido marginarle de los encuentros que celebra con las demás formaciones catalanas para preparar los trabajos de la ponencia. El secretario del grupo parlamentario socialista, Diego López Garrido, aseguró ayer que su formación no renuncia a lograr un acuerdo con los independentistas. Sin embargo, hasta ahora, se ha limitado a pactar con CiU e Iniciativa per Catalunya el contenido de los artículos que, cada dos días, abordan en el Congreso la delegación designada por el Parlamento autonómico y la nombrada por la comisión constitucional.
Los socialistas se escudan en que lo «lógico» es mantener un contacto más intenso con aquellas formaciones que dan un «apoyo sistemático» al Estatuto. Los republicanos ven con malos ojos el acuerdo al que llegaron en La Moncloa Zapatero y Mas y, desde que comenzó a reunirse la ponencia, han votado en contra de varias enmiendas socialistas al texto de la Cámara autonómica. Los convergentes, en cambio, solo han discrepado con el PSOE en un artículo, el que se refiere a la bandera, la fiesta y el himno como símbolos 'nacionales' catalanes.
López Garrido defendió que «lo importante son los acuerdos en la ponencia»; aseguró que mucho de lo pactado es producto de las largas jornadas de negociación en enero, en las que también estuvieron los republicanos, y alegó que nadie en ERC ha protestado por las reuniones con nacionalistas y ecosocialistas. En público, es cierto que ERC no se queja. Simplemente, achaca su exclusión a la presión de CiU. Sin embargo, en privado admiten que la situación les perjudica.
Cogidas con alfileres
Las «reuniones preparatorias» de la ponencia sirven para cerrar por escrito aquellas cuestiones que, aunque habladas, estaban cogidas con alfileres. Los negociadores del PSOE entregan a sus interlocutores un texto y dan a CiU e ICV la posibilidad de plantear correcciones. «Nosotros -dicen los republicanos- no podemos ver si ese texto se adecua a lo que acordamos en los encuentros multilaterales hasta el último momento y eso nos da poco tiempo para reaccionar».
El presidente de la formación, Josep Lluís Carod Rovira, no se refirió de manera específica a esta reuniones; pero sí al hecho de que CiU y PSOE vayan ahora de la mano. Así, acusó a los nacionalistas de querer dinamitar el tripartido que gobierna la Generalitat y habló de una «pinza» entre ambos partidos para «degradar» la figura de Pasqual Maragall. En su mente, estaban las declaraciones del ministro de Defensa, José Bono, sobre la necesidad de que el líder de los socialistas catalanes deje de «crear problemas». Pero también, el «silencio cómplice» del propio jefe del Ejecutivo ante las palabras del «jefe de pelotón chusquero».
Los independentistas aseguran que el PSC permanece callado ante este envite porque desea que el Estatuto se tramite en un clima tranquilo y advierten que, cuando la tramitación acabe, harán valer su voz. Artur Mas replicó que lo único que dificulta la continuidad del tripartito catalán es la oposición de ERC al principal proyecto de la legislatura. «Que hagan un poco menos de teatro y digan de una vez si votarán sí o no porque no podemos estar esperando a que se decidan», demandó.
En el plano meramente estatutario, el acuerdo entre las tres formaciones se plasmó ayer en modificaciones del título II, referido a las instituciones: el Parlamento, el gobierno local, la Presidencia y otros organismos.
Lo que permanecerá inalterable es el artículo relativo al Consejo Audiovisual de Cataluña, encargado de regular todo lo relativo al ámbito la comunicación pública y privada.