«Ellos estaban aquí antes». «Sí, pero aquí siempre hubo viviendas». Mili Escobar y Javier Álvarez representan las dos caras de la moneda de los residentes en la zona de Poniente, la más próxima al astillero de Naval Gijón, en El Natahoyo. La primera afirma sin tapujos que «el astillero no me molesta nada», y ve con más preocupación «el plan de vías. Cuando compré, yo ya sabía que aquí estaba el astillero, pero nadie me dijo que me iban a colocar una torre de gran tamaño delante de mi casa». El segundo, reconoce que «el astillero siempre estuvo aquí», pero también recuerda «que aquí siempre hubo viviendas, en estos mismos terrenos, pegadas también al astillero y a las que, tampoco, la actividad industrial debía causar molestias».
Es que Javier vive, junto a su esposa, Rocío Trapote, en la segunda planta del edificio más cercano a Naval Gijón. La perspectiva es tal que parece que el buque que ahora está siendo construido en el astillero entra, de lleno, en el salón de su casa. Pero la vista no es el sentido más afectado, «sino el oído: nosotros protestamos seriamente cuando se dedicaban a trabajar por la noche pintando el barco. Es terrible el ruido que arman con los compresores para pintar a presión. No se podía resistir, y eso que nosotros tenemos ventanas dobles. Los vecinos del otro edificio, que tienen sólo un cristal, llegaron a presentar una denuncia ante la Policía Local, que vino a medir los decibelios».
Mucho ruido
Javier Álvarez cree que «la ley está para cumplirla y si no se pueden superar determinados decibelios, no lo pueden hacer ni los bares ni las industrias». Por ese motivo, recuerda que no fue el astillero el primero en llegar al lugar, «sino un edificio de viviendas que estaba en el mismo solar en que se levanta éste. A esos vecinos también había que respetarlos y también les molestaría el ruido».
Él y su mujer son buenos conocedores de la zona, «porque somos de El Natahoyo y La Calzada. Hemos vivido siempre con ellos aquí». Rocío recuerda otro problema añadido al ruido: «Son las revueltas que arman cada vez que tienen problemas laborales. Todavía hay un cristal roto en el primero debido a uno de sus barrenazos».
Reclamo turístico
Sin embargo, Mili Escobar insiste en que «son buenos vecinos y es una actividad industrial que necesita la ciudad. Hay que garantizar los puestos de trabajo». Ni Javier ni Rocío quieren que se pierdan empleos, pero ellos insisten en que «en El Musel estarían mucho mejor».
Desde el Hotel La Polar, vecino también del astillero, la visión es más similar a la de Mili que a la de Javier y Rocío: «A nosotros no nos molestan y creemos que es una industria que da mucho trabajo en la ciudad». Es más, para este establecimiento de 25 habitaciones, Naval Gijón es «un atractivo turístico. Algunos de nuestros clientes nos piden las habitaciones que dan al astillero. Ahora tenemos unos alemanes encantados con la vista».