elcomerciodigital.com
Sábado, 25 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

GIJÓN
GIJÓN
Por fin independientes
Nueve jóvenes disfrutan desde ayer de pisos compartidos por 80 euros al mes gracias a un programa del Conseyu de Mocedá
EL LLANO. Luis y Noelia comprueban las prestaciones de la cocina de su nuevo hogar. / NAREDO
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
CONDICIONES
Edad: de 18 a 35 años.

Padrón: el solicitante debe estar empadronado en Gijón con un año de antigüedad.

Ingresos mínimos: 342 euros mensuales.

Ingresos máximos: la suma de los tres últimos meses no debe superar los 2.568 euros.

Patrimonio: no tener una vivienda en propiedad ni haber sido adjudicatario de un piso de protección.

Publicidad

Son jóvenes y trabajan, pero los desorbitados precios de la vivienda no les permiten independizarse como quisieran. Todavía ven lejos la fecha en la que podrán comprar su primer piso pero, de momento, ya disfrutan de un espacio propio por un alquiler casi de saldo. Y aunque apenas se conocen, desde ayer están 'obligados' a aprender a convivir.

No se trata de la nueva hornada de concursantes de un programa de telerrealidad, sino de los últimos beneficiarios del programa 'Viviendas Compartidas' del Conseyu de la Mocedá. Nueve jóvenes que, por 79,93 euros al mes, ya disfrutan de una habitación de alquiler en El Llano.

Tras varios días de espera, ayer por fin pudieron conocer sus nuevos pisos y también a los que serán sus compañeros. Cristina Tuya, directora gerente de la Empresa Municipal de Vivienda, comentaba que mucha gente «no está dispuesta a compartir vivienda con gente que no conoce». Sin embargo, Beatriz, una de las nuevas inquilinas, no se mostraba en absoluto preocupada. «Ya he compartido piso en otras ocasiones con gente a la que en principio no conocía», explicaba. Hoy Beatriz ya ocupa un bajo reformado de Eleuterio Quintanilla, «muy bien distribuido» según su primera opinión. «No me había imaginado cómo podría ser, pero la verdad es que está muy bien», decía mientras escudriñaba cada metro cuadrado de la cocina.

Raquel, una de sus nuevas compañeras, también recorría curiosa las habitaciones. Ella y su hermana Nuria llevaban tiempo buscando un piso que no les supusiera demasiados gastos. Aunque nacieron en Mallorca, después de doce años en Asturias «ya somos gijonesas». Sin embargo, la emancipación del hogar familiar no había sido hasta ahora fácil.

Según explicaba Raquel, las hermanas compartían un piso en La Calzada «en un edificio antiguo, con humedades, y donde nos cobraban una renta muy alta». Ahora su nuevo domicilio, «infinitamente más económico», les permitirá estar a cinco minutos de su trabajo. «Ni siquiera voy a tener que coger el autobús», sonreía.

Un portal más arriba, Luis y Noelia también empezaban a conocerse. Él, chileno, lleva dos años en España, pero nunca había compartido piso con gente de su edad. «Uno de mis compañeros tenía 50 años», explicaba. Mientras, Noelia, novata en el tema del alquiler, reconocía haber perdido su primer gran asalto de la convivencia: «La habitación de la entrada ya se la ha adjudicado él». A falta de que les designen un tercer compañero, aún podrá elegir entre los otros dos cuartos.

Steven y Adrián también esperan a su tercer compañero, aunque en este caso ya lo conocen de antemano. «Somos tres amigos, y cuando nos apuntamos preguntamos si podían encontrarnos el piso juntos. Nosotros nos mudaremos esta tarde y el otro chico vendrá la semana que viene», explicaba Steven. Ninguno de los tres ha compartido piso con anterioridad, pero no creen que vaya a surgir ningún problema que no se pueda solucionar entre amigos.

Sobrepasados por el batiburrillo de medios y autoridades reunidos en su salón, Steven y Adrián se refugiaban en la ventana de un dormitorio. Estrenando vistas.



Vocento