En plena era de la genómica y mientras el mundo entero debate sobre asuntos tan avanzados como el uso de células madre, la tuberculosis, una enfermedad que popularmente se creía prácticamente desaparecida, sigue siendo un trastorno de peso en Asturias. A pesar de los adelantos científicos, este mal, vinculado a históricas epidemias a lo largo de los pasados siglos, no ha logrado ser erradicado del territorio asturiano y mantiene a fecha de hoy una incidencia considerada elevada por los responsables sanitarios. Eso, a pesar de que en los últimos 20 años, la Consejería de Salud del Principado, y gracias a un programa de detección precoz puesto en marcha en la década de los noventa, ha conseguido rebajar a la mitad el número de enfermos tuberculosos. Así, la región pasó de registrar 440 casos de tuberculosis en 1985 a 219 en 2005. A bastante distancia quedan, por tanto, los 1.200 enfermos anuales que se llegaron a declarar allá por los años sesenta.