Luis se dispone a comer. La auxiliar le ha traído su bandeja, en la que hay puré de fabes, un poco de carne y una pieza de fruta. Como apenas queda espacio en la habitación, la cual tiene que compartir con otros dos enfermos, utiliza como mesa la repisa de la ventana. Una afección de garganta le trajo por Cabueñes el domingo por la noche. Al final, tuvo que quedar ingresado. «Me tocó una habitación de tres, mala suerte», se lamentaba. Luis Bautista Novao era uno de los 39 enfermos que ayer permanecían hospitalizados en una sala de tres camas. «Es un poco incómodo», decía, «pero prefiero esto a quedarme fuera».
Un poco más allá, José Ramón Puerta Rodríguez, recientemente operado de la cadera, asegura que «hay que arreglarse 'neña', ya que somos muchos enfermos para poco hospital». Lo peor, afirma, «es cuando te viene la familia o algún amigo. Se forman unos 'xareos' pistonudos» en tan poco espacio.
Que están «apretaíllos», como admitían ellos, era evidente. La instalación de una tercera cama supletoria deja a uno de los tres enfermos sin armario donde guardar la ropa. Tampoco tiene mesilla de noche ni sillón de acompañante. «Hay que ser un poco solidario y compartir con los demás», razonaba José Ramón.
Pero Luis, el tercero en cuestión, con el tobillo aún vendado tras una intervención, lo lleva como menos resignación. «Tendrían que hacer más habitaciones, ya que tengo entendido que está todo el hospital repleto». Pero la saturación no solo afectaba ayer a la cuarta planta, la de traumatología, en la que estaban ingresados estos tres enfermos y en la que había otras cuatro salas múltiples. Lo cierto es que las habitaciones triples se distribuían a lo largo de la tercera, quinta y séptima plantas. También en la sexta. En una de ellas, la 620, estaba Asunción Alonso, que ingresó por una trombosis. No se queja del trato, «te cuidan muy bien», insiste, pero sí echa en falta «un poquito más de sitio, ya que estamos encajonaes».
Ropa en el suelo
A ella le tocó la peor cama. La que está más cerca de la pared, al lado de la calefacción «que te asa». No tiene armario, por eso deja la ropa «tirada en el suelo, sobre un bolso». Su marido cree que «hay más enfermos que sitio» y que «sería bueno que ampliaran un poco el hospital, ya que vamos pa' más vieyos en Gijón».
Sus otras dos acompañantes son Julia y Marina Vigil. Esta última lleva dos semanas en el hospital por una neumonía. Tiene 81 años y aunque «me gustaría tener más espacio, nos tratan a todos muy bien». Julia y sus familiares, creen por contra, que aunque la atención es buena «debería cuidar más el confort. Para una vez que me toca estar en la residencia, tiene que ser así de apretada».