Montañas que se convierten en nubes, luces que acarician la espalda y hacen estremecer, la ráfaga de aire que roza, suavemente, el árbol que ya no se puede tocar... Instantes que hacen recapacitar un momento y disfrutar de lo que se tiene delante: paisajes cotidianos y, a su vez, completamente únicos. En la exposición de la sidrería El Corredor de La Estrada, el visitante cambia sus ojos por los de Pedro Gutiérrez y el mundo se torna un sitio más apacible y que merece la penar mirar. «El contraste es el que hace atractiva esta región para mí», explica.
-¿En qué consiste la muestra?
-La exposición quiere presentar un conjunto de visiones personales sobre los paisajes de Asturias expresada desde mi óptica particular.
-¿Qué le atrae de los paisajes asturianos?
-Me considero un buen asturiano y como tal, me gusta pintar los paisajes de mi tierra. Son muy variados y sorprendentes. Tenemos calas casi paradisíacas de arena clara y montañas escarpadas de mineral oscuro. Estos contrastes son los que hacen a esta región tan atractiva para mí.
-¿Tiene algún tipo de paisaje predilecto a la hora de pintar?
-Pinto cualquier tipo de paisaje, desde los más naturales y agrestes hasta los paisajes más urbanos.
-Si se tuviera que quedar con un paisaje del Principado, ¿cuál sería?
-Probablemente, con cualquiera de las vistas de Parres, el lugar en el que nací y donde tengo los mejores recuerdos. Es mi tierrina chica y me encanta pintar sus rincones más bellos.
-¿En qué se suele inspirar?
-Se puede tratar de una imagen fotográfica, de un dibujo o de algo que haya visto y me haya llamado la atención.
-Actualmente está trabajando en un proyecto de homenaje a los concejos asturianos. ¿En qué se va a basar este homenaje?
-Llevo tiempo trabajando en este proyecto porque me apetecía hacer una colección dedicada a los concejos. El homenaje consiste en un trabajo de 79 cuadros, cada uno reflejando la realidad de uno de sus pueblos. Espero tenerlos acabados para dentro de tres años y exponerlos en el Centro Asturiano de Madrid.