 ESCALERONA. Miguel Medina, Florentino Blanco, Celia Llano, Nicasio Pérez, Fortunato Grande, Severino Santos y J. Luis Peláez. / CITOULA
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Homenajeados: diez jubilados del sector de la hostelería: Carmen Cerdeira, Celia Llano, Faustino Oliveira, Florentino Blanco, Fortunato Grande, José Luis Peláez, María Luisa Riera, Miguel Medina, Nicasio Pérez y Severino Santos.
Actos para el día 14: los fastos empezarán a las 13 horas, con una misa en la iglesia de San Pedro por los difuntos del gremio. Después, a las 15 horas, se celebrará la comida de homenaje en el restaurante La Carbayera, en Granda. |
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Cargan sobre sus espaldas con muchos años de trabajo con el cliente. Saben lo importante que es brindar en cada momento el trato más correcto y destacan el valor de «un buen profesional». Tras largos años de trabajo, y una vez jubilados, llega el momento del reconocimiento.
Diez de los jubilados del Grupo de Hostelería Costa Verde de Gijón serán homenajeados por sus compañeros el próximo martes, día 14, durante una comida en el restaurante La Carbayera, de Granda. Allí se recordarán anécdotas, momentos y, a buen seguro, saldrá a relucir el tópico de 'todo tiempo pasado fue mejor'.
Celia Llano es una de las homenajeadas. Para ella, este reconocimiento es «estupendísimo», aunque, en su caso hace once años que dejó la hostelería. Llano sabe que es un trabajo duro en el que lo peor es «la cantidad de horas que no son pagadas por mucho que se gane». Y añade: «Esto es muy sacrificado y nunca tenemos descanso. El día que tienes libre lo dedicas a hacer la compra, a organizarte...».
Sin horarios
Nicasio Pérez también sabe que la profesión no tiene horarios: «Yo empezaba a primera hora de la mañana, a las 8, y volvía a las 12 de la noche o a las dos de la mañana». A lo que su compañero homenajeado, José Luis Peláez, apostilla: «Se sabe cuándo se empieza, pero nunca cuando se acaba».
Los diez homenajeados se iniciaron en la hostelería hace muchos años. En este tiempo el sector ha cambiado mucho. Una botella de sidra ya no cuesta seis pesetas, ni dos pesetas una pinta de vino, ni cinco pesetas un Rioja. Pero, precios aparte, el principal cambio radica en el propio oficio. «Ha mejorado mucho. Antes se ganaba poco y se trabajaba mucho, ahora, es un trabajo digno», señala Florentino Blanco.
Severino Santos afirma que antes, «el servicio era mejor». Los profesionales de la hostelería «se esforzaban más». A esta consideración, añade Santos sin dudar otra mucho más dura y problemática: «Los jóvenes ahora no quieren trabajar».
Cuando los diez homenajeados empezaron a trabajar en bares, restaurante, hoteles... no existía escuela alguna. «Todos aprendimos a base de muchas horas de trabajo». Esto no quiere decir que renieguen de la escuela de hostelería, que «está muy bien».
Los bares también han cambiado. «Antes no había televisión en las casas. En los bares en donde teníamos pequeños televisores la gente iba para verla», explica Fortunato Grande. Pero no sólo estos pequeños detalles han variado. Miguel Medina, quien admite que en cuanto entras «en el pozo» de esta profesión «ahí te quedas», apunta que años atrás no se exigían tantos controles de higiene. «Ahora todo está más limpio y controlado, y eso supone una ventaja».
María Luisa Riera, por su parte, empezó muy pronto a trabajar en el restaurante de sus padres. Durante todos los años que regentó el establecimiento La Viuda de Riera se permitió el lujo de preparar siempre «comida muy casera» e ir todos los días hasta la lonja a por pescado fresco. Riera contaba con un 'arma secreta': merluza a la brasa. Nunca ha desvelado la receta y que asegura «me la llevaré a la tumba».