Eran las siete y veinte de la tarde, tal y como hace un año marcaban los relojes, ahora parados dentro de las casas deshabitadas. Comenzó a sonar la sirena de la térmica de Lada y en la calle de Ramón de Clavería se hizo el silencio mientras en la acera de los números 36 y 38 tres luces y unas flores iluminaban a los vecinos. Era el sencillo y emocionado homenaje a tres de sus vecinas. Una explosión de gas segó las vidas de Alicia, Carmen y Leontina el 10 de marzo de 2005, pero su recuerdo sigue vivo para sus familiares, amigos y vecinos.
Las miradas clavadas en el suelo, los semblantes apagados y tímidas lágrimas discurrían perdidas, mientras se esperaba a que trascurriese el largo minuto de silencio. Un gran número de felguerinos, acompañados por la práctica totalidad del equipo de gobierno y algunos concejales, recordaron el primer aniversario del siniestro.
Durante el silencio las imágenes de los cascotes y del inmueble destrozado volvieron a las mentes de todos y, al alzar la mirada, llegaban las confesiones. «Lo más duro viene ahora cuando miramos a las casas y siguen en el mismo estado. Necesitamos ver las obras» aseguraba Julián Álvarez, uno de los vecinos del portal 36, mientras perdía su mirada en las ventanas de su domicilio.
La tristeza se reflejaba en el rostro de Angel Cartón Álvarez, que perdió a su madre en el trágico accidente. «Son 365 días viendo desde la casa de alquiler este desastre. Pero verlo junto a mis vecinos se me hace demasiado duro». La sensación era unánime. Pero todos sacaron fuerzas de flaqueza para centrar su atención en el estado de las obras y su posible arranque de forma inmediata. «En unos días podríamos ver instalarse a las grúas», apuntaba el portavoz vecinal, Enrique Lada.
Una única queja que, a la vez, se convertía en una petición de solidaridad: un llamamiento a los 4 ó 5 propietarios de unas plazas de garaje sitas en los bajos de los edificios afectados no quieren abandonar sus cocheras para que puedan comenzar las obras. Piden dinero o que se les facilite otra cochera. «Es una gran insolidaridad. No lo entendemos», comentó Julián Álvarez.