elcomerciodigital.com
Viernes, 10 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
Fracaso anunciado
ELl fracaso de la huelga general en el País Vasco, propiciada por la ilegalizada Batasuna, era una evidencia desde su misma convocatoria, tal como se constató ayer, salvo para quienes viven en una realidad distorsionada. El hastío social, el rechazo a todo lo que suponga violencia o extorsión y el deseo de dejar que la política dirima los desencuentros están tan contrastados que la apelación a la movilización era, además de cínica e hiriente en su motivación, tan desproporcionada como inconsistente. Sólo desde el interés por medir las propias fuerzas, por alentar la confusión, por mostrar poder de intimidación y de perturbación se entiende ese afán por llevar la tensión a la calle. Pero ni siquiera en ese pulso Batasuna y ETA, que apoyó con sus bombas la iniciativa, pudieron cumplir su objetivo. La sociedad ignoró mayoritariamente la convocatoria y respondió con normalidad a la llamada del caos.

La pretensión de ETA, con la intensificación de su campaña de bombas, con el rebrote de la 'kale borroka' y el recrudecimiento de iniciativas de agitación social, es clara: encarecer el precio de un eventual cese de la actividad terrorista realizando un despliegue de su capacidad operativa. Y ante semejante desafío la respuesta del Estado de Derecho tiene que ser igual de nítida: el potencial destructivo de ETA no puede convertirse en argumento para conceder al terrorismo razón alguna ni en un factor disuasorio que lleve a las instituciones a ceder un ápice frente a su ofensiva. Todo lo contrario, es la utilización obstinada del terror la que niega toda legitimidad al cambio drástico que intenta imponer en la sociedad y en la política vascas.

Con sus bombas ETA puso ayer su firma a la convocatoria de Batasuna. Es su manera, muchas veces empleada, de realzar su implacable dictadura sobre la izquierda abertzale. Pero, en la misma medida, el fracaso anunciado de la huelga refleja el extremo aislamiento en que se mueve ETA frente a una sociedad que hace tiempo que empezó a perder el miedo a su acechante presencia. El empleo del terror, las bombas, la extorsión, no son una muestra de fortaleza, sino de debilidad; el reflejo del pavor que tiene la izquierda abertzale a enfrentarse a su propio destino sin contar con el poder fáctico etarra.



Vocento