El compositor y cantante cubano Pedro Luis Ferrer presentó el miércoles en Oviedo su reciente trabajo discográfico titulado 'Rústico', dentro del ciclo de conciertos 'Música del siglo XX' que patrocina Cajastur. Ferrer es un músico ajeno a las modas y a las imposiciones de cualquier índole. Considerado por sus compatriotas como un disidente atípico -crítico e inconformista, sigue viviendo en la Isla-, se mantiene vigente desde hace más de un cuarto de siglo interpretando música tradicional de su tierra. De la guaracha al changüí; del son montuno a la conga, rechaza los dogmatismos estilísticos y reivindica la frescura del autodidacta por obligación y la sabiduría del poeta por vocación.
Ferrer domina los espacios reducidos y las minorías inquietas. Para llenar el escenario recurre a lo imprescindible: guitarra, tres y marímbula; cajón, güiro y bongós. Canta con la naturalidad de quien posee una voz sin resabios y se sabe respaldado por compañeros experimentados y solventes. Detrás de unas armonías sencillas y de unos ritmos sugerentes atrinchera un discurso didáctico y ameno que se debate entre el lirismo encendido y la ironía sutil. Es un trovador.
Complacido ante su debut en Oviedo -no faltó un recuerdo para el bisabuelo asturiano-, Pedro Luis se erigió en conciencia social con el desgarrado tema 'Cómo viviré, mi cholita' y arrancó sonrisas con los satíricos 'Inseminación artificial' y 'Conga vegetariana'. Sensible e intuitivo, cautivó cantando 'Yo no tanto como él' -en memoria de su padre-, 'Changüí para la pena' y 'Mi camino'. Jocoso y vital, instauró la fiesta con 'Quién me toca un son montuno' y 'La Cumbanchera'.
Pedro Luis Ferrer estuvo acompañado por el trío de músicos con el que trabaja desde hace tiempo: su hija Lena -extraordinaria en 'Nana para un suspiro'-, Lerlys Morales y Basilio Perodín. Los tres dejaron constancia de su polivalencia y profesionalidad.
'Música del siglo XX' vuelve a caminar. Estamos de suerte.