Genio y locura son palabras inestables y ambiguas. Varían de significado con el tiempo y la cultura. Antes de relacionarlas, los psiquiatras José J. Uriarte, Pablo Malo y Juan Medrano prefieren limitarlas. «Lo más sensato es identificar locura con problemas definidos, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar». Y llamar genios a las personas altamente creativas, que hacen aportaciones significativas a la Humanidad, «desafian ortodoxias y establecen paradigmas artísticos y científicos».
Recuerdan que algunas enfermedades psiquiátricas del pasado, como el saturnismo, ya no lo son. Y no olvidan a los 'idiots savants' o autistas, que, en muchos casos, combinan el retraso mental con habilidades excepcionales en cálculo y música. «Pueden tocar al piano una melodía con cada mano y cantar una tercera al mismo tiempo. Su talento es mecánico, no creativo. Pero muchas veces su trabajo es tan bueno o más que el de artistas reconocidos».
Los genios excéntricos son capítulo aparte. Salvador Dalí (1904-1989) y Albert Einstein (1879-1955) son dos ejemplos. «La conducta extravagante puede ser consecuencia de la esquizofrenia o de un episodio maníaco. Pero, en muchos casos, responde más al deseo de destacar y llamar la atención».
Ni todas las personas creativas ni todos los enfermos mentales tienen que ser estrafalarios, advierten.
«¿Es posible ser un genio y llevar una vida normal?», se preguntan. «Lo es. Una persona puede aventurarse por terrenos intelectuales inexplorados y llevar una vida anodina. Muchos genios son personas modestas, introvertidas y rehuyen la notoriedad».
La extravagancia también puede ser una pose. «Sin ella, Dalí no hubiera vendido tanto, en sentido real y figurado».