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Viernes, 10 de marzo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
El coro de la Fundación Príncipe pone en pie la emblemática Sala Sao Paulo
La formación asturiana acompañó en Brasil a la Sinfónica del Estado Paulista en su apertura oficial de temporada El público ovacionó durante 10 minutos el 'Requiem' de Verdi
CONCIERTO. La formación asturiana, colocada en lo alto del escenario, protagonizó un concierto que fue intensamente aplaudido. / IVÁN MARTÍNEZ
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La Sala Sao Paulo, con su auditorio completo (1.500 espectadores) se puso en pie para ovacionar el estreno de la temporada de su sinfónica, acompañada para la ocasión por el Coro de la Fundación Príncipe de Asturias. Diez minutos de aplausos cerrados sirvieron para corroborar la emoción de una hora larga de intensidad casi operística, brindada por Verdi y su 'Misa de Requiem'. Hasta cuatro veces tuvo que salir el director de la orquesta, el maestro John Neschling, y otras tantas hizo al coro ponerse en pie.

La noche prometía antes siquiera de empezar. En Sao Paulo, la temporada sinfónica es casi religión para sus más de 10.000 abonados. Y la de anteayer era el estreno. Cuatro días de ensayos sirvieron para que el coro asturiano pudiera compenetrarse con el paulista, cuatro días que lograron confundir las voces de unos y otros para convertirlas en un todo por momentos lleno de lirismo y por momentos de portentosa intensidad. Marcaron la fuerza 130 voces, 80 asturianas y 50 brasileñas.

La sala ayudó mucho. La Sao Paulo es uno de los auditorios con mejor acústica del mundo y el mayor y más moderno de América Latina. Construido sobre la antigua estación de trenes Julio Prestes (1916), aprovecha las dimensiones del jardín central del edificio, con sus enormes columnas corintias incluidas, y suma a ello un techo móvil que permite regular la intensidad sonora para cada concierto subiendo y bajando la altura por bloques.

La calidad del sonido es tal que sus responsables no se limitan a pedir que se apaguen los teléfonos móviles antes de 'levantar el telón'. Piden, incluso, que el público se mueva lo menos posible y sugieren que ni tosa, «porque hasta un susurro en la parte alta puede oírse en toda la sala».

Anteanoche no sucedió. Se oyó, y bien, a la orquesta, pero también a los solistas, que, acompañados de los coros, consiguieron emocionar. Hasmik Papian, soprano, derrochó voz, más incluso que el tenor, Zoran Todorovich. En su papel, Mzia Nioradze (mezzo) y Francesco Eyiero D'Artegna (bajo).

John Neschling no disimulaba su emoción. Su orquesta, de poderosos vientos y cuidadas cuerdas, respondía a cada uno de sus movimientos, muy marcados para dar paso a una percusión igualmente cargada de intensidad.

La 'Misa de Requiem' de Verdi sonó con la fuerza teatral de todas, o casi todas, las composiciones del creador de 'Aida'. Hizo vibrar a un auditorio que no había dejado una sola butaca libre. Allí estaba el consejo en pleno de la Fundación de la Orquesta Sinfónica de Sao Paulo, además del secretario general de la Fundación, Juan Luis Iglesias Prada, pero también los responsables de Cultura y Hacienda del Estado paulista, con más de 35 millones de habitantes; además de los cónsules de Alemania y Japón y personajes de la vida social brasileña, como el presidente y máximo accionista del mayor banco del país (Unibanco), Pedro Moreira Salles; el de la Federación de Industria, Horacio Lafer Pira, y el de la Congregación Israelí-Brasileña, el rabino Henry Sobel.

Todos fueron testigos del que ha sido el estreno del Coro de la Fundación en Sao Paulo. Pero habrá más conciertos. El primero, hoy, y el segundo, mañana, en el mismo auditorio.

En la Sala Sao Paulo volverá a sonar el 'Requiem' que Verdi compuso entre 1873 y 1874 para su admirado Alessandro Manzoni, uno de los padres del Resurgimiento italiano. Entonces se estrenó en la Scalla de Milán y desde ese día se ha interpretado millones de veces en todo el mundo. También en este auditorio, que, sin embargo, recordará el que ha sido el concierto de apertura de la temporada 2006/07.



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