La primera impresión es la que cuenta, dice el refranero. Y el primer arrebato de Michael Schumacher ayer en Bahrein fue de alegría. No había ganado, lo hizo su heredero en este mundillo, Fernando Alonso, pero el alemán siete veces campeón del mundo se abrazó alborozado a sus mecánicos, ingenieros y demás fauna vestida de rojo Ferrari. Estaba feliz. Ha regresado del cenagal que en 2005 amenazó con su jubilación anticipada.
«Ha sido un resultado óptimo y no me lamento por haber sido segundo. Si alguno hubiese dicho durante este invierno que habríamos terminado así esta primera carrera, no le habrían creído», afirmó el alemán tras bajar del podio del circuito de Sakhir.
Ahí está de nuevo Schumacher, el piloto más veterano de la parrilla, el único que se pasea por los circuitos como una leyenda. Y no por su actitud altanera, sino por el respeto reverencial que muestran los demás a su paso. «Tengo una mezcla de sentimientos. No puedo decir que esté totalmente satisfecho porque no hemos ganado la carrera después de hacer la 'pole'. Pero este es un fantástico resultado para Ferrari. Hemos demostrado que tenemos un buen coche y potencial para dar batalla durante la temporada», explicó el alemán con Alonso atento a sus palabras.
Su entusiasmo por las carreras le ha devuelto a la pasarela. El invierno pasado sacrificó las vacaciones invernales de su familia en Noruega. En vez de irse a esquiar, les dijo a su mujer, Corina, y a sus hijos, Gina María y Mick, que debía entrenarse, hablar con los ingenieros, probar el Ferrari. Y pese a que siembra de envidia al resto de pilotos por su condición física, este año ha asegurado en recientes entrevistas en su país que ha dado una vuelta de tuerca a su preparación para lucir el tipo que luce.
Schumacher igualó el sábado uno de los escasos registros que le faltan por incluir en su palmarés -las 65 poles de Senna- y ya se ve, claro, en la pelea por el título: «Este año la lucha por el campeonato va a estar muy cerrada. Hay muy buenos equipos y cualquiera de ellos puede tener opciones de superar al rival. Y esto es muy interesante para todos».
Felipe Massa, gafado
Con 'Schumi' en segunda posición, las cosas no le fueron tan bien a su compañero Massa. El bloqueo del freno trasero hizo que Massa hiciera un trompo mientras intentaba alcanzar a Alonso. Además, un problema con la rueda en la parada durante la misma vuelta le hizo perder las posibilidades de acabar en los puntos.
«Debo decir que ha sido una pena. Desde el principio del fin de semana he tenido un coche muy competitivo y es una lástima no haber podido conseguir puntos. Cuando hice el trompo estaba muy cerca de Alonso y apenas toqué los neumáticos cuando se me fue de atrás. Durante la parada perdí mucho tiempo cambiando la rueda trasera derecha y ahí perdí mi oportunidad de acabar en los puntos», se lamentaba el brasileño, que ha sido bien recibido en Ferrari -por algo su representante es el hijo de Jean Todt-, donde ocupa la vacante de Rubens Barrichello.
Pese a sus esfuerzos, Massa no pudo recuperarse y su noveno puesto no complació a nadie. «Durante el resto de la prueba he ido al máximo y he conseguido remontar al noveno lugar. Estoy impaciente para llegar a la siguiente prueba, porque sé que tenemos lo necesario para hacerlo bien», reconoció el de Ferrari.