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Lunes, 13 de marzo de 2006
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GIJÓN
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Parroquias de la zona rural juzgan «inventadas» algunas de las denominaciones en asturiano
«Con estos cambios se busca contentar a los asturianistas sin darles la oficialidad», critican los vecinos
GRANDA. Nicanor conversa en La Carbayera con Alicia, José Ramón y Carmen. / LUIS SEVILLA
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En la zona rural la nueva toponimia asturiana también ha sido recibida con división de opiniones, aunque las llamadas para que se mantenga la fórmula bilingüe son el denominador común.

Las voces más críticas en las parroquias con las referencias en lengua vernácula sostienen que algunos de los nombres que pretenden desbancar a los escritos en castellano en letreros y documentos oficiales «son poco menos que inventos de no sabemos quién». Uno de los que defiende «la artificialidad» de los nuevos topónimos es Nicanor Menéndez Pérez, vecino de Granda. Expone el caso de su pueblo para expresar su rechazo a las nuevas denominaciones en asturiano. «Aquí nadie habla de Granda de Arriba y de Abajo. La prueba es que los letreros en castellano llevan dos años puestos y el adverbio está tachado. Los que vivimos en Granda dividimos la parroquia en barrios como la Folguera, la Cuesta la Piedra, Les Vegues o el de la iglesia. Esa es la realidad que no han tenido en cuenta», expone. Además, pone de relieve que el cartero , por su parte, «hace una partición por números».

«Esto es todo una maniobra para darles la razón a los asturianistas, para mantenerlos contentos sin concederles la oficialidad de la llingua», juzga Menéndez. Este vecino, que lleva 40 años vivienda en la parroquia, cree que «las invenciones en bable» también afectarán a otras parroquias gijonesas con las que tiene vínculos familiares, como Cenero -que ahora pasa a llamarse L'Abadía Cenero-, Poago -Puau-, Lavandera -Llavandera- y Baldornón -Valdornón-. Sobre esta última localidad se pregunta «por qué le cambian la grafía si la pronunciación es igual».

José Antonio López, presidente de la asociación San Andrés de La Pedrera, también es de los críticos con las nuevas disposiciones toponímicas, porque, a su juicio, «no concuerdan con el habla mayoritaria de los vecinos». «Deben ponerse los nombres de los sitios de las dos maneras y de ahí o me bajo ni un gramo», asevera.

López considera un error «imponer» denominaciones en asturiano de algunos sitios. «Sucede lo mismo que con los aperos de labranza que, según del lugar en que te encuentres, se pueden llamar de mil formas», objeta. «Los que somos asturianos no necesitamos recurrir a topónimos para sentirnos orgullosos de serlo. Actuar de otra forma es perder el tiempo y gastar de forma innecesaria», advierte.



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