El escritor Armando Palacio Valdés era un creyente liberal y republicano, a diferencia del «drama agónico» por la religión de Unamuno o la obsesión religiosa de Clarín, según señaló ayer el teólogo Etelvino González López en su disertación en el palacio de Valdecarzana.
El acto formó parte del ciclo dedicado al escritor por la Sociedad Económica de Amigos del País, con la presencia de su presidente, Justo Ureña y Hevia, quien fue el encargado de presentar al disertante.
González López reconoció que hablar de Palacio Valdés era una tarea fácil, ante un auditorio predispuesto a escuchar opiniones sobre el literato, aunque al mismo tiempo difícil «por todo lo que se sabe de él».
El conferenciante manifestó que el autor asturiano «ha estado mucho tiempo casi olvidado, aunque últimamente se está recuperando su memoria». En su opinión, Armando Palacio Valdés quiso ser filósofo antes que escritor «por su necesidad de reflexionar. Indicó que confesó su religiosidad en las obras 'Marta y María' y 'La Fe', ésta última «una novela de una densidad teológica extraordinaria».
González López apuntó que el escritor perdió la fe religiosa a los 15 años, «ya que se desorientó por un abuso del razonamiento», aunque más tarde «sintió la necesidad de creer».
Proceso
El teólogo puntualizó que se abrió un proceso «a tres ritmos», partiendo de «un momento suave, en que escribe que sin fe no se puede vivir ni feliz ni tranquilo». Posteriormente vivió una etapa de «estudio con encarnizamiento, en que agotó la biblioteca de Madrid con sus lecturas. En el tercer paso del proceso se convenció de que la fe tiene que estar fundamentada entre la intuición y la acción. Basó sus pensamientos en lo que había leído de San Basilio, en el sentido de que «en el obrar está el principio del conocer».
Actuación ética
El disertante afirmó que la acción, según Armando Palacio Valdés, supone «una actuación ética, basada en una escala de valores, que va desde el amor, la bondad, pasando por la abnegación, la justicia, ...y son las que nos hacen sentir bien».
De los escritos del novelista se desprende que «el hombre está envuelto en la profundidad de un misterio que supera cualquier otra realidad». Armando Palacio Valdés consideraba que «el que cree sólo en Dios está predispuesto a no creer en Dios», una frase interpretada por el disertante como una forma de reconocer la importancia de la acción proclamada por San Basilio.
El teólogo recordó la sintonía del novelista con la Democracia Cristiana, «por lo que puede considerarse un modernista, explicando que el escritor confesó en una de sus últimas cartas que era «un creyente liberal y republicano».