-¿En qué punto se encuentra la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de la Ternera Asturiana?
-Ahora mismo, hay cierta incertidumbre, porque es el primer año de aplicación de la Política Agrícola Común (PAC) y no sabemos muy bien cómo va a reaccionar el sector. Se viene apreciando un descenso del número de efectivos en las ganaderías, una disminución que se manifestó hasta ahora mayoritariamente en las de leche, pero que está afectando también a las de carne. Por otro lado, hay una disminución en el número de vientres. Nacen menos terneros, tanto de leche como de carne.
-¿Y usted cómo cree que evolucionará el mercado de la carne?
-Asturias, que era una región que tradicionalmente vendía 'xatu pasteru' para que se cebase en otras comunidades, está empezando a incentivar el cebo de esos terneros aquí para comercializarlos dentro de una marca de calidad, pero es una tradición poco asentada. Estamos pendientes de que el sector se posicione a este respecto para ver si va a seguir vendiendo el ternero de mamón o lo va a cebar, porque eso va a repercutir directamente en la disponibilidad de terneros dentro de la IGP y en la cantidad de producto que pueda salir amparado por nuestra marca.
-Pese a la incertidumbre, parece que sí hay un cambio de mentalidad respecto al cebo.
-Creo que sí, y eso es consecuencia del cambio de orientación productiva de las explotaciones de carne, que estaba basado exclusivamente en producir un ternero que se vendía al destete, y sin embargo se empezó a dar un paso más dentro de la producción, que es cebar esos terneros y llevar al mercado el producto final, la carne. Ahí, creo que es decisivo que se haya creado la figura de la IGP, porque revaloriza. Hay un incremento en la seguridad que trasladas al consumidor, y el reforzamiento de imagen de marca es un incentivo para que los ganaderos lo vean como una alternativa de producción rentable. Además, los animales que se comercializan acogidos a la IGP tienen un valor añadido.
-¿Y ese cambio llega a los ganaderos o notan todavía reticencias?
-Llegar a la todos es imposible. Acogerse a la IGP es una cuestión voluntaria y tiene que existir una visión de que eso te va a reportar algún beneficio. En el caso de los ganaderos, tenemos inscritos el 23% de las explotaciones de Asturias destinadas a carne. Pero también es cierto que, dentro de ese 23% de explotaciones, está el 44% del total de vacas reproductoras, lo cual significa que tenemos las explotaciones con mayor número de vacas madres. La media de reproductoras por explotación en Asturias se sitúa en el 9% y la de nuestras explotaciones está por encima de 12%. Una aspiración sería que pudieran estar todas, pero eso resulta impensable.
-¿Y los mayoristas y operadores industriales?
-Ahora mismo tenemos un problema con el manejo de los animales de la raza asturiana: la estacionalidad de partos, que son mayoritarios en primavera y escasea en los meses de otoño e invierno. Con esta situación, si hubiera un crecimiento muy grande de industriales, o por contra, un aumento de los terneros, el abastecimiento, podría estar descompensado. Deben crecer a la vez.
- ¿Cómo ve la reacción del consumidor hacia la etiqueta de Ternera Asturiana en España?
-Tanto en Asturias como fuera, los productos asturianos gozan de un reconocimiento bastante bueno por parte del consumidor. Pones el apellido asturiano a cualquier producto y ya tienes ganado mucho terreno en cuanto incentivo a la venta. Eso, que para nosotros es una gran ventaja, también es una preocupación, porque mucha gente siente la tentación de poner el apellido asturiana a un producto que no puede llevar esa marca detrás. Nosotros queremos hacer llegar al consumidor que nuestro logo es el que tienen que buscar que esté unido al producto de ternera asturiana. Lo que ocurre es que una buena promoción requiere muchos recursos, y nuestros recursos son escasos. En cuanto a los mercados, mayoritariamente se comercializa en Asturias, pero ya hay operadores que venden la mayor parte fuera, en mercados como Cataluña, Ibiza, Levante o Madrid.
-¿En qué condiciones compite la carne asturiana?
-Muchas veces los mercados se ganan en base a precio, y esa batalla la tenemos perdida, tenemos que basarlo en la calidad y en un producto que resulte atractivo para el consumidor. Es un producto caro para competir. Son animales muy valorados y, por las condiciones de Asturias, el cebo es más caro que en otras regiones. Y más cuando se acogen a marcas como la IGP, para las que no vale cualquier cosa, y que llevan un control muy estricto sobre los componentes que pueden ir en esos piensos.
-¿Puede desarrollarse más la producción ecológica?
-Estamos intentando que cada vez más ganaderías se puedan incorporar a una producción más diferenciada como es la ecológica, y de hecho estamos teniendo una serie de contactos con el Consejo Regulador de la Producción Agraria Ecológica de Asturias para realizar un etiquetado conjunto.
Garantías
-¿Se ha recuperado ya el sector de la crisis de las 'vacas locas'?
-Todas las crisis, si se utilizan de forma positiva, aportan algo. La de las 'vacas locas' no estuvo muy bien gestionada, y quien pagó el pato fue el ganadero, que fue quizá el menos culpable, pero sí trajo consigo una serie de lecciones. Dejando claro que todo el producto que sale al mercado cumple la normativa sanitaria, nosotros, como etiqueta, nos diferenciamos. Por ejemplo, podemos saber en todo momento qué caminos siguió el producto: dónde nació el ternero, cuantos meses estuvo con su madre, a qué explotación se trasladó, cuantos meses se cebó y con qué, en qué matadero se sacrificó, quien lo comercializó y en qué punto de venta se puso a disposición del consumidor. Es más, podemos tomar una muestra de esa carne y, con las pruebas de ADN, confirmar si lo que se vende identificado como de la IGP pertenece o no al animal que se dice.