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Miércoles, 29 de marzo de 2006
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CUENCAS
LA LUCIÉRNAGA
Protesta escolar
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Ignoro si es ese el protocolo de actuación habitual, pero el sábado por la mañana, cuando pasé por los aledaños del nuevo ambulatorio de Sama, algunos furgones de la Policía Nacional y varios agentes bien armados custodiaban el moderno edificio. Sabía que era el día elegido para la inauguración del espacio sanitario y no me extrañó que hubiera movimiento, pero al ver tal cantidad de guardias no supe qué pensar.

¿Estaría esperando la organización del evento que los ingratos trabajadores de Menasa increparan, como solían, al presidente del Principado? No, no podía ser porque, al parecer, ya habían pactado una solución pocas horas antes y, por lo tanto, no se esperarían protestas por eso. ¿Sería, entonces, que acaso el Gobierno regional, o el ayuntamiento -también había muchos municipales-, o la Delegación del otro Gobierno, temían un brote de contestación por parte de quienes, desde aquí, reclamamos un hospital de parapléjicos para Langreo? También me respondí que no, porque el ayuntamiento langreano es, a su vez, peticionario, y no podría estar en dos sitios a la vez (bueno, no sé, porque la esquizofrenia institucional es a veces flagrante); y porque, además, como el grueso de la población de las cuencas también lo apoya, pues, la verdad, el número de policías, de darse una protesta así, igual se quedaba pequeño.

¿Ah, claro!, me dije. Es por lo de los guajes. Los del instituto de Sama. Esos que andan, los pobres, tan revueltos porque los profes no les dejan, en cumplimiento de la nueva ley, salir a fumar fuera del recinto escolar. Así que protestan porque, dicen, tienen que pasarse, los muy desventurados, nada menos que hasta ¿seis horas! sin fumar. Pues claro: quien tuvo, retuvo, y hay que ser dignos sucesores de las huelgas de otro tiempo: hace treinta años, cuando uno echaba los primeros pitos, incluso dentro del recinto -y hasta de las aulas- de ese mismo instituto, sin que nadie le dijera nada, también nos revolucionábamos: por la mayoría de edad a los dieciocho años, contra la selectividad, por la amnistía de los presos políticos del extinto franquismo y hacíamos sentadas, y hasta marchábamos a gritar consignas delante del ayuntamiento.

Pero también lo deseché. Quién coño iba tener la mala idea de ponerse a gritar consignas a favor de que le dejen fumar más ¿delante de un centro de salud!

s.



Vocento