Dijo ayer el presidente del Centro Europeo de Empresas e Innovación que el objetivo de este organismo del Gobierno asturiano no es sólo «ser la puerta de entrada a emprendedores e innovadores que presenten proyectos sólidos, sino convertirse en la vía de acceso a la sociedad de la Universidad». Víctor González Marroquín justificaba así el impulso que está viviendo la creación de empresas a partir de grupos de investigación universitarios. Ya han nacido tres, pero cuatro proyectos más están en la cartera de la Sociedad Regional de Promoción, de la que depende el Centro Europeo de Empresas e Innovación (CEEI) y el Instituto de Desarrollo Económico del Principado de Asturias.
González Marroquín, quien estuvo acompañado por la directora del CEEI, Eva Pando en la firma de un nuevo convenio de colaboración con la Universidad de Oviedo, no quiso desvelar la naturaleza de los proyectos pendientes, pero sí resaltó que todos están relacionados con las nuevas tecnologías. «La Universidad de Oviedo está a la cabeza de las universidades españolas en empresas con base tecnológica y nuestro papel es el de intermediario entre el conocimiento que genera y la sociedad que se puede beneficiar de él. Somos la combinación perfecta», dijo el presidente de CEEI.
En ese sentido, añadió que «saber hacer una empresa es sencillo, lo que es más difícil es obtener los conocimientos necesarios para poder ponerla en marcha. pero hay que hacer ese esfuerzo y nosotros facilitamos el camino».
Por su parte, el rector de la Universidad de Oviedo apuntaló las palabras del presidente del CEEI situando la institución académica asturiana en el decimoquinto puesto del ranking nacional en creación de empresas. «En el informe de 2004 ni siquiera aparecíamos entre el selecto grupo de las 25 mejores universidades españolas en esa materia. Ahora ya ocuparíamos el puesto 15, un lugar muy reseñable si tenemos en cuenta que las politécnicas, por su propio carácter, resultan inalcanzables».
Juan Vázquez destacó igualmente que la tercera misión de la Universidad, además de enseñar e investigar, es la de «generar la capacidad de transmitir conocimiento, ser un semillero de empresas». Y funciona, porque en tres meses nacieron siete proyectos empresariales.