Se la compara con la elegante París, con la decadente Roma y hasta con el cosmopolita Manhattan. Melbourne siempre estuvo eclipsada por la omnipotente Sydney, por el increíble desierto y por la imagen saludable de los surfistas. Pero ahora ya no. Sólo la meteorología parece haberse portado mal con ella: un día de marzo el termómetro puede marcar 30 grados y granizar; y en invierno, soplar vientos polares por la mañana y hacer un intenso calor por la tarde.
Pero, sea como sea, el deporte es la religión oficial de Melbourne. Sobre todo el Gran Premio de Fórmula-1, casi una fiesta nacional, una especie de Pentecostés de la competición. El circuito, siempre abarrotado de aficionados y donde la fiesta y la música se mezclan con el ensordecedor ruido de los motores de los monoplazas, será el próximo domingo un nuevo examen para Fernando Alonso y compañía.
Inaugurada en 1996, la pista está situada en medio del parque de Albert Park, del que toma su nombre. Es un circuito callejero -uno de los tres del Mundial-, rápido, pero bastante deslizante, lo que hace que el apoyo aerodinámico sea imprescindible -la mayor parte de los equipos y coches rodarán cerca de sus niveles máximos de carga-. Además, los frenos y los motores sufren mucho y están sometidos a la máxima dureza, lo cual obliga a acertar con la refrigeración.
Al no ser una instalación permanente, las condiciones del asfalto cambian mucho durante el fin de semana. El primer día suele estar muy sucio, después de todo el trabajo realizado para prepararlo. En la pista se deposita goma durante los tres días de la prueba, con lo que, el domingo, se rueda en un circuito totalmente distinto al del viernes. Por eso, las escuderías optan por compuestos blandos para lograr adherencia y coger rápidamente temperatura.
Curvas trampas
El trazado australiano apenas presenta obstáculos para que los bólidos ofrezcan sus mejores prestaciones. Las curvas, en forma de eses, se cierran mucho al principio para luego abrirse. La primera se toma a 286 kilómetros por hora y se dobla a 115. Se trazan como si fuera rectas. Sin embargo esconden algunas trampas, como sucede en el tercer giro, donde en 1986, el coche del inglés Martin Brundle se montó sobre otro, salió volando y se partió en dos mitades. No le pasó nada de milagro. En el tramo final hay un par de curvas de ángulo recto, que, si no se toman bien y se frena en el punto justo, el coche puede acabar en la grava.
Renault empezó en Australia, el año pasado, su camino hacia el título con el primer y tercer puesto de Fisichella y Alonso, respectivamente, aunque, de no ser por Barrichello, bien pudo haber sido un doblete. Su éxito se basó en la buena tracción y la gran frenada que atesoraba el R25, que se repiten en el modelo de este año.
Albert Park, en ese sentido, no deja entrever el auténtico potencia de los coches, como sí ocurre, por ejemplo, en Malasia o en cualquier circuito europeo. No hay curvas extremadamente difíciles ni una exigencia grande al bólido en cuanto al grip. Pero, sin embargo, los accidentes y problemas mecánicos son tónica habitual. Penalización por gasolina (seg/10 kg) Desgaste de frenos 0,46 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 Bajo Alto Consumo de gasolina (kg/vuelta) Nivel de agarre del asfalto 3,3 0 Bajo Alto 4 1 2 3 Desgaste de neumáticos Bajo Alto LA CONFIGURACIÓN DEL R26 PARA LA CITA AUSTRALIANA Electrónica: Albert Park exige una configuración electrónica específica, con cambios en el mapa del motor, reglaje del control de tracción y consumo de combustible. Neumáticos: Al tratarse de un circuito urbano, el desgaste va acorde con el estado de la pista. El nivel de desgaste acostumbra a ser más alto el primer día, ya que las ruedas resbalan más por la falta de adherencia. 6 7 Suspensión: se exige un buen reglaje, de tal manera que sea lo suficientemente rígida para que el R26 tenga una buena respuesta en los cambios de dirección en las chicanes lentas, pero también lo suficientemente blanda para contar con una buena estabilidad en la frenada y evitar que las ruedas puedan llegar a bloquearse. 1 1 6 2 3 7 Refrigeración: las bajas temperaturas y la alta presión atmosférica implican que el motor desarrolle más potencia. Renault busca la mejor refrigeración para minimizar la presión que sufren sus componentes. 5 2 4 Rendimiento: con el 69% de la vuelta a máximo régimen, Melbourne es un circuito muy exigente con el motor. El rendimiento puro del propulsor no es el parámetro crítico, ya que el trabajo se centra más en contar con un buen par motor para que el monoplaza pueda salir bien de las curvas. 3 Aerodinámica: el nivel de carga aerodinámica utilizado en Albert Park es medio-alto, ya que el objetivo es ofrecer a los pilotos la mejor tracción en la salida de las curvas lentas. 5 Frenos: el trazado australiano incluye hasta seis frenadas importantes a las que se llega a casi 300 kilómetros por hora. Se recurre mucho a los frenos, lo que exige una especial atención a su refrigeración para evitar que se oxiden. 4