No quiero ningún homenaje. Otra cosa muy distinta es que me reúna con mis amigos. Soy una persona que trabajé en mi profesión y al final de cada mes cobraba». Es la declaración de intenciones que Manolo Llanos hizo en EL COMERCIO cuando se jubiló como director de Deportes del Comité Olímpico Español (COE). Pues bien, algunos de sus amigos -Agustín Antuña, Alberto Estrada, Ramón Gallego, Alfonso Menéndez Vallín, entre otros- se pusieron manos a la obra para organizar una cena, que tendrá lugar a las nueve de la noche de mañana, en La Llorea. Y resulta que a ese grupo de amigos se han unido cerca de otros cien que también quieren reunirse con Manolo Llanos, a título individual, unos, y en representación de clubes como el Grupo o el Santa Olaya y también de varias federaciones deportivas y de otras instituciones, otros.
Fiel a sus ideas, que ha mantenido incluso en momentos complicados, este gijonés de 61 años que ha vivido seis Juegos Olímpicos -Moscú, Seúl, Barcelona, Atlanta, Sydney y Atenas-, ha frenado cualquier atisbo de homenaje, por lo que sólo recibirá durante la cena un recuerdo de la velada. Manolo Llanos no quiere que le llenen de placas ni de discursos. Él se considera un técnico profesional del deporte que desarrolló su trabajo en diferentes etapas y en varias entidades públicas y alguna privada, motivo por el que estima que no merece ningún reconocimiento público por su labor profesional.
Los organizadores de la cena tienen en cuenta estas consideraciones, por lo que no han acudido a ninguna institución oficial, aunque sí se espera que en La Llorea las instituciones también estén representadas, si se tiene en cuenta que Manolo Llanos, antes de acceder al Consejo Superior de Deportes y posteriormente al Comité Olímpico Español, fue el primer director del Patronato Deportivo Municipal de Gijón y también director regional de Deportes, cargos que desempeñó después de ostentar la dirección deportiva del Grupo de Cultura Covadonga, a la que llegó tras cumplir una primera etapa en su trayectoria como preparador físico del Sporting.
Manolo Llanos ha desarrollado una dilatada trayectoria profesional, unida su imagen fundamentalmente a la de Alfredo Goyeneche, quien fuera presidente del COE y que fue quien le llevó a este organismo, participando en la transformación del deporte olímpico que tuvo su máxima expresión en los Juegos de Barcelona.
Las últimas elecciones a la presidencia en el COE llevaron otros nombres, y también otras ideas, a este organismo, por lo que Llanos llegó a un acuerdo para pasar a la 'reserva'. Ya después de Atenas, Manolo Llanos también afirmaba en EL COMERCIO que los griegos habían sido sus «últimos Juegos Olímpicos», porque había que dejar paso a «la gente joven».
Después de muchos años entre Madrid y Gijón, cuando sus actividades se lo permitían, Manolo Llanos reparte ahora su tiempo entre Gijón y Villaviciosa, donde durante muchos años se ha construido una especie de 'retiro espiritual' donde no tiene ni teléfono, aunque curiosamente su móvil suena ahora casi más que cuando era director de Deportes del COE.
Llanos tiene el proyecto de escribir un libro, en colaboración con un compañero que tampoco está ya en el Comité Olímpico. Ordena sus ideas, aconsejará a quien se lo pida, no abandona nunca su agenda y seguro que seguirá vinculado al deporte, porque no entiende la vida de otra forma desde que se inició en el salto con pértiga.
Homenaje, lo que se dice homenaje, no lo va a tener, porque Manolo Llanos no lo quiere, pero sí que serán muchos los amigos que mañana cenarán con él. «