La soberana derrota del Likud en las elecciones del martes, en las que solamente obtuvo once escaños, ha hecho que numerosos dirigentes del partido hayan tocado tambores de guerra contra Benjamin Netanyahu, a quien consideran único responsable de la humillación en las urnas.
Netanyahu manifestó en la madrugada de ayer que la causa de la derrota es la «traición» de Ariel Sharon, un acontecimiento que dividió al Likud en dos campos irreconciliables y posteriormente condujo a la dolorosa escisión y a la fundación de Kadima.
Sin embargo, dentro de este partido existen ideas muy diferentes que señalan directamente a prepotente líder ultraderechista como responsable de lo ocurrido el martes y que exigen su cabeza sin contemplaciones. Estas voces recuerdan que la memoria colectiva del país no ha vuelto página a la etapa 1996-99, cuando Netanyahu llegó a ser probablemente el primer ministro más aborrecido en la historia de Israel.
En su larga trayectoria, el Likud nunca había obtenido unos resultados tan pobres y desalentadores. Once miserables escaños dejaron fríos a todos sus simpatizantes e inevitablemente han provocado una crisis de gran calado en el seno de un partido que ha gobernado Israel durante treinta años.
El desconcierto de los militantes es enorme y lo mismo sucede entre sus dirigentes, una buena parte de los cuales ni siquiera se dignó dejarse ver por el cuartel general del Likud la noche electoral tras conocer los resultados de las encuestas a pie de urna que a las diez de la noche divulgaron los tres canales de televisión.
Algunos destacados dirigentes reclaman la creación de una comisión interna que aclare las causas de la derrota y depure responsabilidades. Es decir, que saque a Netanyahu del liderazgo, puesto que ni siquiera ha sido capaz de conseguir que el Likud llegue a ser el principal partido de la oposición.
«Bibi tiene que irse a su casa. Es algo tan claro como la luz del día. Preferiríamos que él mismo lo entendiese y que se vaya por las buenas. Pero si no lo hace, tendrá que irse por las malas», comentó un líder de la formación conservadora que no quiso dar su nombre.
«Bibi nos ha conducido al punto más bajo de nuestra historia y no puede continuar como líder del partido ni hacerse pasar por la persona capaz de recomponer el Likud», añadió el citado dirigente. En su opinión, el Likud tiene capacidad para volver a jugar un papel central en la vida política de Israel, pero con otro líder.