EN el 57 llega el rock, 'rock'n roll', o el rock de Elvis Presley. Sí, llega hasta aquí, a Gijón. Los de la pandilla ya habíamos dejado, pero que muchas pagas, caían en domingo cuando caían, en las taquillas de las salas de Gijón, donde había muchas¿ todas con su ambigú, o casi todas, para que en el descanso se pudiera tomar un cafetito o una copita. No todo, pero sí una buena parte del cine lo teníamos visto, alguna película más de tres, cinco... veces 'Objetivo: Birmania', con un Errol Flynn al frente de un comando estadounidense dispuesto a cargarse una estación de radar japonesa, allá en la jungla del título de la película.
'La mujer y el monstruo' nos había dejado pasmados, y eso que no la vimos en 3-D, que en 3-D era la versión original, como 'Los crímenes del museo de cera', en la que Vincent Price era lo mejor. Lo de las gafas de cartón, color rojo para el ojo izquierdo y color verde para el derecho, ya resultaba excitante, incluso para el 'Gafitas', que llegó a usarlas en clase porque decía que con ella veía mejor. Los cromos de esta película en relieve, requerían para verlos unas gafas semejantes, incluidas en el álbum, no resultaron menos atractivos. Aquello de 'beauty and terror' y etcétera, aunque no sabíamos lo que significaba, lo nuestro en el colegio era el francés de Molière, suponía un regalo para los oídos, como el alboroto de los pajarracos de 'Objetivo: Birmania', más agobiantes que los japoneses, que por entonces nos decían que eran malos a rabiar, y eso que les había caído la atómica. Más Frankenstein, más Momia, más Fu-Manchú, más Fantasma de la Ópera... y más Sissi, tan dulce Romy Schneider, amor secreto de muchos, y más Pablito Calvo, también saltando a la fama el Joselito de 'Saeta del ruiseñor'. La televisión, se inauguró la española el 28 de octubre de 1956 con unas palabras del ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado, para los madrileños, que la imagen y el sonido sólo tenían de alcance un radio de 50 ó 60 kilómetros. Y, por lo tanto, también para los de Toledo. Ya supongo quien dirá las primeras palabras en la nuestra, la autonómica, cuando se inaugure. Ustedes también lo saben, no hace falta ser adivino.
Quien crea que serán de Ángel González, Carlos Bousoño o alguien así, está equivocado, a no ser que estas líneas inspiren a los responsables de la cosa. Algo de originalidad, para empezar, no estaría mal. Los de la pandilla, como la tele no llegaba hasta aquí, al cine, que era lo bueno, mejor con una pandilla de chicas, quince años teníamos, también nuestros amores, algunas veces motivo de celos entre nosotros, que siempre al menos un par se enamoraba de la misma.
La pechuga de Sarita Montiel, ahora Sara, en 'El último cuplé', llevaría a más de uno al confesionario, que ya nos tentaba la carne. Se nos fue Humphrey Bogart, un duro para imitar, siempre en plan 'fumando espero', pero con un estilo que no separaba quien cantaba el cuplé, la mencionada Sarita, que para su suerte aún no debía de haber visitado La Habana. Y, por las calles, una cosa rara, pero que resultó revolucionaria, algo así como un querer y no poder, y sí que fue un poder, el 600. Por ahí siguen tan útiles utilitarios, pequeños dinosaurios, dispuestos a sobrevivir más que ninguna otra cosa con cuatro ruedas y devoradora de gasolina. Tenía éxito Juan Antonio Bardem con 'Calle Mayor'. Y nuestro actor José Suárez, todo un galán asturiano, un 'chatín' anterior al otro 'chatín', ya saben, Arturo Fernández. También tenía éxito Miguel Gila Cuesta, Gila, haciendo reír a cualquiera, como lo hacía en la sala Acapulco, que con Pendás de gerente tuvo no sólo momentos, sino también años de esplendor.
Por esta sala pasaban todos, incluido Raphael, ahora Rafael. Tanto se representaba 'La venganza de Don Mendo' como cantaba la Polifónica Gijonesa, cuando la dirigía Anselmo Solar. Tanto nos hacía reír Cassen como nos sorprendía con sus imitaciones de Sinatra otro popular, Chicho Gordillo.
Si cuento esto, es sólo por charlar entre usted y yo. ¿Hay algo mejor que pasar el tiempo charlando sin ninguna finalidad? Puede que sí, pero yo no lo sé. Ahora soy yo quien le escucha.