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Jueves, 30 de marzo de 2006
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Libro de familia
CON la aprobación de la reforma legal que hizo posible que en nuestro país gais y lesbianas pudiéramos casarnos en igualdad de condiciones con respecto a las parejas heterosexuales, se dio un paso fundamental en el proceso de normalización social impulsado por el 'movimiento glbt' (gais, lesbianas, bisexuales y transexuales) en los últimos años. Esa normalización ha supuesto la ruptura de un tabú anteriormente existente, que hacía que no se hablara públicamente ni se hicieran menciones a las múltiples cuestiones que afectan a nuestros colectivos y a nuestra realidad.

A pesar de todas las argumentaciones homófobas que tuvimos que escuchar el pasado año, los hechos están demostrando lo que vaticinábamos: nada se va hundir, ninguna institución social se va a venir abajo. Se aprobó el matrimonio y las cosas siguen estando como siempre, con el añadido, fundamental y democrático desde nuestro punto de vista, de que se ampliaron los derechos de un colectivo que hasta el pasado año no podía disfrutar de ellos. Frente a tanto vaticinio, las bodas se han ido celebrando y no ha pasado nada, porque la sociedad española estaba sobradamente preparada para admitir esos cambios y este es el sentido que nosotros damos al concepto de «normalización».

Precisamente en esa línea de normalización, el pasado 3 de marzo, el Boletín Oficial hacía pública una reforma legal en los libros de familia que se usan en nuestro país con objeto de adaptarlos a la nueva situación. Cuando una pareja de gais o de lesbianas ejerza la custodia o la responsabilidad sobre un menor ha de quedar reflejado en el libro de familia. Y ocurría que dicho libro hablaba exclusivamente de padre y madre del menor en cuestión. Ahora, con esta reforma, lo que se hace es normalizar lo que ya comienza a ser un hecho habitual: que un menor pueda tener dos padres o dos madres.

En ese sentido, la reciente reforma incorpora una novedad al documento oficial: ahora, en el caso de un matrimonio homosexual, en lugar de aparecer madre/padre en su libro, figurarán los términos de progenitor A y progenitor B. Y como no podía ser de otra manera, según parece, han surgido algunas voces discrepantes, con chistes y comentarios sarcásticos sobre el tema. Sin embargo, la mayoría de la sociedad ha aceptado el cambio, como en su día aceptó que desaparecieran catalogaciones tan poco afortunadas como la que distinguía entre hijos legítimos o naturales o la que hablaba de expósitos o de bastardos. Porque hay menores que tienen dos progenitores, ya sean de distinto sexo (padre y madre) o del mismo sexo (A y B), y otros que solo tienen uno -del sexo que sea-. Lo importante es que tienen una familia, que es la que se ha de encargar de su manutención, de su educación, de su formación...

Cuando la legalización del matrimonio estaba en puertas, los colectivos de gais y lesbianas insistimos en que con ese cambio no pretendía quitar derechos a nadie. Más bien al contrario: se trataba de ampliarlos. Ahora vuelve a ocurrir exactamente lo mismo. No se trata de que se quiten derechos o que se obligue a los demás a efectuar ciertos cambios. Más bien lo que se pretende es adaptar un documento legal a una nueva realidad legal. ¿Quién se puede sentir herido por esto? Creemos que solamente los sectores más intransigentes e integristas, que siguen suspirando por un único modelo de familia, que no existe nada más que en sus mentes.

Decíamos que las sociedades cambian y evolucionan y con ellas lo hace también el lenguaje. Este cambio viene a corroborarlo, del mismo modo que se están consolidando otras modificaciones que permitirán un uso más correcto y ajustado del lenguaje. Así, en las ceremonias oficiales para nuestros matrimonios no tiene sentido utilizar la tradicional frase de «os declaro marido y mujer». Es evidente que se ajusta más a nuestra realidad la frase «os declaro unidos, o unidas, en matrimonio». ¿Hay alguien que pueda escandalizarse por esto?

Quienes han intentado levantar, otra vez, una campaña de homofobia con el tema de los libros de familia no han tenido éxito porque las cosas se ven ya con total naturalidad. Además carecen de argumentos para ello porque, como ya dijo doña Pilar Blanco-Morales, directora general de Registros y del Notariado, no va a desaparecer el libro tradicional, en el que aparecen padre y madre para el menor inscrito; simplemente se incorpora la posibilidad de editar un modelo diferente del mismo documento legal y con el mismo valor. Es posible que se podría haber elegido otra opción, como usar la palabra cónyuges o visibilizar el elemento femenino haciendo explícito el término progenitor/progenitora. Lo cierto es que en muchas ocasiones a quien gobierna le toca tomar decisiones y en este caso han decidido el uso de progenitor A/ progenitor B. Nada que objetar por nuestra parte, aunque sería más correcto la fórmula Progenitor/a A y Progenitor/a B, y más coherente con la actuación del Gobierno en otros campos a favor de la igualdad de género.

Bienvenida sea esta modificación de libro de familia, al igual que los otros cambios que se vienen sucediendo últimamente (como la posibilidad del cambio de género en las personas transexuales, sin necesidad de haberse sometido a operación de reasignación de sexo) y que se esperan en el futuro más inmediato (como la Ley de Identidad de Género, de capital importancia precisamente para las personas transexuales y que esperamos se apruebe sin más demora). Es indudable que todos ellos contribuyen a profundizar en la transformación de la sociedad, para hacerla más justa y democrática.



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