KADIMA, el partido fundado hace poco más de cinco meses por Ariel Sharon tras la fractura del Likud, ganó las elecciones legislativas en Israel, pero sólo obtiene 28 de los 120 escaños del Parlamento y la coalición que forme será el conjunto de varios programas, entre ellos el así llamado 'plan Olmert': cómo separarse de una vez de los palestinos y fijar las fronteras definitivas del Estado judío.
Ehud Olmert, hombre soso convertido en líder del Kadima por el coma de 'Arik' (Sharon), no ha movilizado (la abstención batió un récord) ni conseguido reordenar el campo de la derecha nacionalista laica de la que el Likud (salido del tronco del Herut de Menahem Begin) era representante. Likud se queda en once escaños y baja al quinto lugar, precedido por Kadima, Laboristas (veinte), el ortodoxo sefardí Shass (trece), el rusófono y ultra Israel Beiteinu (doce).
Un partido de aluvión que representa a los jubilados en procura de mejor pensión entra en la Knesset con siete escaños, la izquierda pacifista y laica de Mertez-Yahad retrocede (cuatro escaños, un pequeño desastre) y las tres listas árabes obtienen diez.
Toda esta división, con sus notas de tribalización, frivolidad y espíritu endogámico, es conforme a la tradición política de Israel, cuyo parlamento es desde mucho tiempo una jaula de grillos donde las fórmulas cosidas con alfileres se suceden sin tregua y sus rupturas, también. No se olvide que la elección del martes era adelantada justamente porque Sharon no pudo reeditar una combinación medianamente creíble para mantenerse. Ehud Olmert podrá constituir una de esas coaliciones con un laborismo que sale bastante bien de la prueba y cuyo líder, Amir Peretz, podría ser nombrado viceprimer ministro si el jefe no insiste en designar a Tzipi Livni, ahora ministra de Exteriores. Los 48 escaños así reunidos necesitarán al Meretz, al Judaísmo Unificado de la Torah (diez entre los dos) a los siete pensionistas, que están a lo suyo, y a los siempre comprables (literalmente: sólo quieren dinero para sus redes sociales) del SAS.
Más al fondo, y en términos políticos, queda claro que Olmert no ha podido llevar a cabo el gran proyecto de Sharon: crear en torno a Kadima el soñado gran bloque central basado en el consenso de los posibilistas en asuntos territoriales y de fronteras y que con ayuda de laboristas, pacifistas y religiosos moderados dispondría de unos 80 diputados. El próximo Gobierno, en estas circunstancias, difícilmente hará historia en Israel.