Los socios del Real Club de Tenis continúan moviendo ficha en torno al proyecto de ampliación. La junta directiva que preside Juan Carlos Arias se vio obligada a posponer tras una tensa asamblea celebrada el martes, pero en las últimas horas, el presidente ha recibido «adhesiones de múltiples» personas, pero la tirantez de la reunión ha dejado una huella, de momento, difícil de borrar.
«Me ha sorprendido que hubiese una campaña tan orquestada en contra del proyecto», lamentó Arias. El presidente, su equipo y el arquitecto Ramón Ruiz han invertido dos años en lo que creen la «gran oportunidad» de futuro del club: la construcción de un nuevo edificio de 1.400 metros cuadrados, por el que cada socio titular debía pagar una derrama de 900 euros, repartidos en diversas cuotas.
El proyecto no fue votado y quizá no lo sea nunca. La próxima semana, Arias convocará a su junta directiva para decidir si aparca o continúa adelante con la ampliación. De momento, prefiere «dejarla enfriar un poco», a pesar de que fuera de la asamblea ha recibido el apoyo de parte de los socios «que están totalmente a favor, porque dicen que es un proyecto muy bueno». Tanto es así, que hay quien le ha sugerido la posibilidad de comenzar «una recogida de firmas» de respaldo a la iniciativa.
De momento no se hará, pero el presidente advirtió de que su equipo sólo continuará trabajando si percibe «la presión y las palmadas» de los socios que apoyan la ampliación. «Se tienen que oír las voces a favor», dijo. Y eso es precisamente lo que, a su juicio, escaseó en la asamblea general ordinaria. El proyecto recibió aplausos, pero «eché de menos que alguien hubiese hablado a favor» o bien «agradecido» la labor de una junta que lleva 11 años al frente del club.
Una imagen distinta
«La campaña orquestada» en contra del proyecto afloró en la asamblea, según el presidente: «Se vendió que aquéllo -el nuevo edificio- se iba a convertir en un sitio para bodas», cuando «supondría una mejora para los tenistas, los gimnastas, los jugadores de bridge, los socios de restaurante y los jóvenes. También para los más veteranos e incapacitados, que tendrían ascensor», explicó.
Con todo, los socios no quisieron ni dar el visto bueno ni abortar la ampliación. En su lugar, pidieron tiempo, información más detallada y una nueva fórmula de financiación: que a través de la compra de acciones de la propietaria del inmueble, Los Pilares, sea esta sociedad la que afronte la obra. El contrato de arrendamiento del club finaliza en 1940 y la intención es renovarlo durante 99 años más. Arias alabó la disposición de Los Pilares y excusó no haber avanzado este extremo. Se basó en que el consejo de la sociedad aún no se ha reunido. Tras la asamblea, sólo espera «apaciguar las aguas» y responder a los deseos de un club con medio siglo de historia.