Es la fuerza de los hechos. Podemos mirar a otra parte o seguir en el limbo de las avestruces. Pero los hechos son tan tozudos como las letanías, aunque van en dirección contraria, que es la de la complejidad.
Se puede intentar apresar el agua de la vida en un puño o contenerla en una idea represiva, pero el desbordamiento está asegurado, más temprano que tarde.
De modo que tal vez debiéramos acompasar el murmullo retórico de los buenos deseos a la música del viento, que sopla en múltiples direcciones.
O sea, que el casado casa quiere y los divorciados han de disponer al menos de dos domicilios.
Cada cual sabrá cuál es el estado ideal para su corazón y su prole, aunque el menos indicado ha de ser el estado gaseoso.
Como dijo nuestro primer presidente democrático, al final sólo es cuestión de poner las leyes al corriente de lo que ocurre en la calle. Y también los cómics.