CUATRO ha estrenado una serie muy singular. Se llama 'Los simuladores' y se emite el domingo por la noche, antes de los misterios de 'Cuarto milenio'. Esto que hemos empezado a ver en Cuatro es la adaptación española de un producto que nació hace tres años en Argentina, para Telefé, ideado por Damián Szifron, y que conoció un gran éxito tanto en esta versión original como en su versión chilena. 'Los simuladores' cuenta las peripecias de cuatro caballeros que componen algo así como un comando andante que desface entuertos, eso sí, previo pago. Imaginemos que usted tiene un problema de cualquier clase: un riesgo laboral, una hija adolescente que se quiere operar el rostro, un viejo amante del que se quiere librar, etcétera. Si se halla desesperado, no lo dude: llame a Los Simuladores. No son el Equipo A, pero ellos se harán cargo del asunto y, además, pacíficamente. El precio no es caro: el doble de lo que cuesta el 'operativo'. Y es aquí, en el 'operativo', donde está la gracia del relato, porque lo que se nos cuenta es la escenificación de fabulosas trampas para resolver el problema.
Los Simuladores son cuatro: Federico d'Elia, Antonio Garrido, César Vea y Bruno Lastra. Cada uno de ellos encarna a un personaje con dotes singulares: la frialdad estratégica, la creatividad, etcétera. En la serie los veremos disfrazados de policías, taxistas o incluso mariachis, como en este episodio de estreno. La serie está francamente bien hecha. No es sólo una cuestión de interpretaciones o de ritmo, que son los habituales pilares donde se sostiene una serie: aquí es todo a la vez lo que funciona como un reloj, desde la música -excelente- hasta el movimiento de la cámara. Un rasgo muy notable es la seriedad de los actores, a pesar de que su trabajo se desarrolla en el registro de la comedia. En el último curso hemos visto varias series cuyo planteamiento oscila entre lo cómico y lo dramático y que, sin embargo, pecan de un exceso de comicidad porque los actores acentúan los rasgos humorísticos de su interpretación. Aquí no hay tal cosa. Los elementos cómicos del relato surgen por sí solos del desarrollo del guión, sin que los actores fuercen las cosas.
Buena parte del mérito habrá que atribuírselo al director, y es lástima que Cuatro, que ha publicitado mucho la identidad de los actores, no haya hecho lo propio con los nombres de quienes están detrás de la cámara: un buen trabajo, el suyo.