Fueron artefactos terribles que, en su día, encabezaron las guerras del mundo. Destruyeron murallas, incendiaron fortalezas y arrasaron los campos de batalla. La Casa de Cultura Marqués de Vistalegre de Infiesto clausuró ayer la exposición de maquetas que reproducen fielmente y a escala algunas de estas máquinas de guerra medievales, que fueron desapareciendo con la llegada de la pólvora.
Estos artefactos han sido elaborados, de manera artesanal, por José María Sanabria, un madrileño que, tras vivir en varios puntos de la geografía nacional, llegó al concejo de Piloña, concretamente a la localidad de Ques, con la intención de profundizar en el conocimiento de la talla de la madera y, de paso, dejar su sello en el municipio con una exposición como ésta.
Durante tres años ha trabajado en esta lista de aparatos de guerra: el fundíbulo, uno de los ingenios denominado 'de sangre' porque el impulso lo recibe de seres humanos; la balista, máquina de torsión y disparo horizontal que lanzaba principalmente flechas; el arbalete, de flexión y disparo horizontal similar a la balista; el almajaneque, una de las mayores máquinas que se construían en la época y que se caracteriza porque funciona con impulso por contrapeso y tiene disparo parabólico; el mantelete, parapeto para protegerse del enemigo, muy útil para los arqueros; la brigola, máquina de flexión y disparo horizontal; la catapulta y el onagro, máquinas de torsión que por su sencillo traslado fueron muy dañinas para las tropas enemigas.
Este artesano, que profundizó en su afición una vez alcanzada la jubilación, habla con pasión de estas pequeñas reproducciones: «primero realizo el diseño por ordenador y posteriormente voy elaborando la maqueta». También explica que, en un principio, se centraba en las lanchas y barcos de vela dirigidos por radio. «Después salté a las máquinas guerra medievales», apunta. El alcalde de Piloña, Juan Roberto Pérez, que visitó la muestra junto con la edil de Cultura, Teresa Fernández, destacó la «originalidad» y la exactitud de las réplicas.
Las máquinas de guerra aparecen por primera vez en Asia pero se desconoce la época y el país exacto. En Europa, no existen indicios de uso hasta que las emplearon los griegos, allá por el año 480 A.C, tras las Guerras Médicas. Gracias a los ingenieros griegos y romanos estas máquinas llegaron a un perfeccionamiento muy superior al que habían tenido en los imperios Babilónico y Asirio.
En la época de los emperadores romanos se multiplicó su empleo y llegaron a formar parte de la dotación de sus legiones. Con la invasión de los bárbaros y la decadencia de la Milicia Romana, a mediados del siglo XIII, estos ingenios casi desaparecen. En los siglos X y XI volvieron a surgir y convivieron con la artillería que emplea la pólvora desde mediados del siglo XIV hasta el siglo XV. En cuanto a la nomenclatura hay que tener en cuenta que no en todas las épocas ni en todos los países una misma máquina recibía el mismo nombre. Además, cada ejército cambiaba el nombre de sus máquinas.