«No es hombre de los bancos de atrás. Es listo, inteligente y rápido y, además, mide muy bien su ambición, que no todo el mundo lo hace». La radiografía responde a la personalidad de Luis Gonzaga Arias de Velasco, un gijonés de 60 años que rompió muchos de los viejos y, parecía que inamovibles, esquemas del empresariado local. Llegó a la presidencia de la Cámara de Comercio desde abajo, andando al camino, casi en silencio, sin temer a los viejos fantasmas que pronostican, sin rubor, una hecatombe cameral. Vehemente en sus formas, este catedrático universitario, terror de los alumnos de Álgebra de la Escuela de Ingeniería Industrial de Gijón, hizo sus pinitos en casi todo. Cuidó gallinas, patroneó barcos y hasta tuvo entre una de sus metas el participar en el maratón de Nueva York. Es un corredor de fondo que, como buena parte de los jóvenes de su época, jugó al fútbol en sus tiempos escolares tanto en el colegio de la Inmaculada como en el Corazón de María. Con el paso de los años, el sueño atlético se fue desvaneciendo y, según dicen sus alumnos, las canas le han suavizado. Este año se jubila. Dejará la docencia que ha sido una parte importante de su vida, su auténtica vocación. Detrás, en ese complejo mundo, dejará muchos kilómetros delante del encerado, clases que, en algunos casos, acabaron entre aplausos de sus propios alumnos. La parte más agridulce pudo vivirla en su incursión en la política a finales de los años 80, en las filas del Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez. Y es que, lo reconocen sus allegados, lo suyo es la acción. La crítica desde la oposición responde a otro carácter.
Nacido en la Gota de Leche, Luis Gonzaga, como siempre le llamó su madre, era el pequeño de seis hermanos. Su padre, abogado de prestigio, mantenía a la familia dentro de la clase media-alta gijonesa. De carácter extrovertido y alegre, mientras estudiaba Ingeniería de Minas en Oviedo era un asiduo, junto con su pandilla, de las fiestas de los colegios mayores San Gregorio y Valdesalas, al igual que de las verbenas o de los 'te-bailes' que se organizaban en el Real Club Astur de Regatas, aquellas en las que era de obligado cumplimiento para los caballeros ir vestidos con traje y corbata. Hizo la 'mili' en Astorga donde ya empezó a dar sus primeros pinitos como docente, impartiendo clases de matemáticas a compañeros y algún que otro mando del cuartel. Con 27 años, respondiendo a la figura de joven emprendedor, crea la academia CETS, un centro de estudios técnicos superiores, donde se mantendría hasta acceder a la cátedra de Matemáticas en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gijón.
Casi de casualidad, en el año 1987, de la mano de Ángel Iglesias Breijo, se vio envuelto en el mundo de la política. Encabezó la lista municipal del CDS en Gijón, donde obtuvieron seis concejales, entre ellos la actual gerente de la Unión de Comerciantes, Carmen Moreno. También fue portavoz de Industria en la Junta General del Principado, donde tuvo no pocos enfrentamientos con la que era consejera y actual alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso. Luis Arias de Velasco reprochaba a Felgueroso, irónicamente, que estuviera al frente de una consejería que era un Porsche 'y sólo disponía de una lata de dos litros de gasolina para atenderlo'. La consejera, mientras, le preguntaba por sus hijas para tratar de enfriar el ambiente. Eso sí, en muchas ocasiones, el profesor Arias repasaba los exámenes de sus alumnos en los tiempos muertos de la Junta. Pese a su fama de duro, aseguran que valoraba de forma especial el esfuerzo personal a la hora de calificar.
Bitácora fue su última iniciativa empresarial. El mundo de la publicidad le abrió nuevos horizontes, al igual que ahora le sucederá el frente de la Cámara de Comercio de Gijón. Tuvo que convencer a su mujer, elemento clave en su trayectoria profesional, de que valía la pena entregarse a esa labor en lugar de optar a un merecido descanso. Y es que ni los suyos se lo imaginan jubilado. Los viajes a Almería, en todo caso, deberán esperar. Eso sí, podrá seguir degustando los huevos con bechamel, uno de sus platos preferidos y seguirá el fútbol por televisión. Sportinguista de pro, se suma a la nómina de quienes han optado por no acudir a El Molinón a presenciar las penurias de lo que fue un gran equipo. Su particular partido lo disputará, a partir de ahora, en la otra orilla del Piles.