El Sporting sólo sumó un punto ante el Hércules, en su camino hacia una tranquilidad que está más cercana, pero para lo que es necesario poner y exponer algo más. La entrada en el campo de Biagini en el segundo tiempo fue el factor determinante para modificar una línea de aburrimiento, con un juego anodino y sin ambición.
El partido se inició con equilibrio, aunque con algo más de ambición en los alicantinos. El Sporting daba la sensación de que iba a regalar el control del balón para utilizar el contraataque y las estrategias como armas para su ataque. Así llegó la primera ocasión, en un doble remate de Juan y Calandria, desbaratados por Sergio Sánchez, tras el saque de un córner.
El primer contratiempo llegó pronto, ya que Ciriaco Cano se quedó sin Pablo Álvarez a los once minutos, por una lesión muscular. El extremeño optó por mantener el mismo dibujo, con la entrada de Pablo Lago en la banda derecha.
Poco después llegó el tanto alicantino, en un largo centro de Redondo, que encontró a Kike Mateo completamente solo, libre de marcaje. El ex del Eibar, con un buen toque técnico, sorprendió a Roberto con su disparo seco.
Con el tanto a favor, el Hércules se limitó a defenderse, para lo que le venía bien el estilo de los rojiblancos, con el solitario Calandria en el vértice del ataque, para recibir servicios en lucha con Urbano, quien le ganaba en altura, reforzado por Schiavi. Los rojiblancos cargaban más el juego por la banda izquierda, pero sin finalización, lo que permitía a Sergio Sánchez tener un partido tranquilo. Por la derecha, Pablo Lago tiene en contra a un sector de la grada, lo que le pesa en exceso, hasta el punto de que casi no le salía nada.
A medida que pasaba el tiempo, los rojiblancos iban a menos, sin que el desgaste de Javi Fuego en el centro del campo tuviese repercusión positiva para el juego del equipo. Al encuentro le faltaba tensión y empezaba a sobrarle aburrimiento. A los alicantinos les venía bien, ya que con ventaja en el marcador no tenían necesidad de arriesgar, ya que la situación estaba controlada.
Los rojiblancos se dejaban ver a ráfagas, pero con demasiadas imprecisiones y casi sin inquietar a Sergio Sánchez. Todos los peligros llegaban en centros laterales, con ventaja para los zagueros herculanos.
En el descanso, Ciriaco Cano se decidió a dar entrada a Biagini, para lo que hizo un cambio en el dibujo táctico, al transformar el equipo en un 4-4-2. Enguix adelantaba su posición más cerca de Javi Fuego y el centro del campo tuvo otro aspecto más racional.
El juego ofensivo empezó a pasar por Biagini. El de Arroyo Seco asumió protagonismo y creó complicaciones a la zaga alicantina con sus movimientos, desmarques y diagonales. El encuentro comenzó a tener otros derroteros, con sensación de peligro y más ambición en el juego.
Se demostró sólo en 45 minutos que el técnico extremeño está equivocado cuando se empecina en no utilizar a Leo Biagini, el jugador que marca la diferencia en el juego ofensivo de la plantilla, así como mantener un estilo absurdo, con un único atacante específico, sin que cuente con la compañía de centrocampistas. En El Molinón, por lo menos, parece aconsejable incentivar a la afición con un estilo más ofensivo y ambicioso que el habitual. Aunque el técnico parece tomar a mal cualquier observación, todos coincidimos en que deseamos y esperamos lo mejor para el equipo, que no es el aburrimiento del primer tiempo de ayer o el de tantos otros partidos. Así de sencillo, sin necesidad de buscarle tres pies al gato.
Acierto en la primera
En una de sus intervenciones, quizá la más fácil, Biagini logró el empate. Juan aprovechó una internada por la banda izquierda,que finalizó con un centro pasado, cabeceado por Sastre. El de Arroyo Seco empujó el balón al fondo de la portería herculana. Era el empate.
Tras el tanto de la igualdad, el Sporting tuvo sus mejores minutos. Javi Fuego asumía con autoridad el mando en el centro del campo, daba empuje y la presencia de Biagini creaba complicaciones a la zaga alicantina, que perdió la comodidad del primer tiempo. La movilidad de los dos delanteros argentinos dio otro aire al juego rojiblanco, que tenía el problema de que las bandas no acababan de estar centradas en su juego. Juan actuaba demasiado revolucionado, así como Dorado, mientras que en la zona derecha no encontraba el acierto.
En el último cuarto de hora, el partido empezó a romperse. Coincidió con la aparición de la lluvia. El Hércules buscó salir de su cueva, aunque justificó su sequía de victorias fuera de su campo. Sólo una arrancada de Navarrete creó una ocasión de gol que no acertó a rematar Kike Mateo. Fue todo su balance ofensivo, además del gol del primer tiempo.
El Sporting empezó a acusar el desgaste, además de mostrarse como un conjunto descompensado. De poco valía que Javi Fuego impusiera el mando en el centro del campo y que los dos delanteros tuvieran movilidad, porque no había coordinación, sin efectividad en las bandas. El principal peligro de los rojiblancos llegaba en el lanzamientos de falta, pero encontraba sentido de la anticipación en los defensas herculanos o les faltaba puntería.
Con el tiempo cumplido llegó la expulsión de Dorado. Kiko Ratón hizo una falta alevosa al talaverano, quien le dio un manotazo en la espinilla, que el árbitro interpretó como agresión. El rojiblanco estaba muy revolucionado por la decisión del colegiado.
Aunque se jugaba el tiempo añadido, Ciriaco Cano eliminó el temor a perder el partido con la inclusión del defensa Jeffrey, para lo que retiró al delantero Calandria. Un minuto y medio después, el berciano José Luis González señaló el final de un encuentro, con un empate que parecía servir a los contendientes.