Ni un mal gesto, ni una mala palabra. Los que podíamos esperar en el partido de ayer alguna reacción tras el final de la etapa de Emilio Gutiérrez al frente de la política deportiva del Avilés, pudimos comprobar que la indiferencia reina en el seno de la afición local. Nadie dijo nada, no se vio ni una pancarta, ni para bien, ni para mal, ni apoyos a unos o reproches a los otros. Nada de nada, lo que puede tener más que un adjetivo: indiferencia. Lo que no es bueno ni malo, sino todo lo contrario, es lo que hay.
En cualquier caso, se pudo confirmar el regreso de algunas personas que se replegaron hace meses y que ayer volvieron por el estadio, unos a ver, otros a colaborar en distintas tareas. El que más destacó, por el lugar ocupado, fue el concejal de deportes, Román Antonio Álvarez, quien accedió a la invitación hecha por el consejo de administración del club: «Siempre he sido aficionado del Avilés, pero dejé de venir a los partidos porque no era muy bienvenido en estos últimos meses».
El concejal compartió espacio con el consejero Julio Scheilch, al que acompañaron todos los directivos que estaban y que han confirmado su continuidad hasta final de temporada.
Ahora, Tabiella
Un tramo del campeonato que se adivina largo y tortuoso para los blanquiazules si no se cambia la dinámica. Lo contrario de lo que sucede por Valliniello, donde se frotan las manos con un Navarro que ya no sorprende y al que los avilesinos visitan el sábado, en un partido con mucho gancho para Tabiella.
En las dos citas anteriores, un triunfo local y el empate de la campaña pasada advierten del vía crucis que puede sufrir el Avilés.