 PELEA. Torres y Oubiña quieren controlar el balón. / EFE
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| AT. DE MADRID 0 - CELTA 3 |
Atlético de Madrid: Leo Franco; Velasco, Pablo, Perea, Antonio López; Galletti (Marqués, m. 79), Gabi, Luccin, Petrov; Kezman, Fernando Torres.
Celta: Pinto; Ángel, Contreras, Lequi, Placente; Núñez (De Ridder, m. 69), Oubiña, Iriney, Silva (Méndez, m. 87); Canobbio (Jonathan Aspas, m. 57), Baiano.
Goles: 0-1: minuto 70, Lequi. 0-2: minuto 84, Baiano, de penalti. 0-3: minuto 90 (+4), De Ridder.
Árbitro: Lizondo Cortés (Comité Valenciano). Mostró tarjetas amarillas a los locales Galletti, Luccin, Perea, Petrov, Pablo y al visitante Baiano. |
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Un ordenado, atento y paciente Celta supo sacar provecho de la ansiedad del Atlético, y de las ausencias de Ibagaza y de Maxi, para lograr un triunfo, más difícil de lo que dice el resultado, que le consolida en zona de competición europea y, prácticamente, cercena las esperanzas de los rojiblancos. Son ya cuatro los partidos consecutivos sin vencer del Atlético, que chocó contra su impotencia, contra un estelar Pinto y también contra Lizondo Cortés, quien erró en el penalti de la sentencia y, además, ordenó repetirlo.
Fue un duelo abierto, de estilos antagónicos, que mediada la segunda parte desniveló, de cabeza, a la salida de un córner, el ex 'colchonero' Lequi, que no lo celebró por respeto a su antiguos colores. El Atlético, fiel a su idiosincrasia, es un equipo rápido, vertical, nervioso, demasiado precipitado y empeñado en reclamar a los árbitros, pésimos, pero no culpables de su situación en la tabla. El Celta, mucho más pausado, se parapeta atrás, soba el balón sin miedo y no se precipita jamás. Maneja de maravilla los tiempos del fútbol, todo lo contrario que su adversario.
Los vigueses manejaron mejor la situación ya en el arranque, cuando pudieron decidir el choque a su favor pero se toparon con un espléndido Leo Franco. El guardameta argentino salvó en poco más de veinte minutos acciones de Baiano, Silva y Canobbio, sobre todo la del uruguayo, con marchamo de gol.
De forma paulatina, empero, el Atlético se hizo con el dominio y las ocasiones de gol, casi siempre, eso sí, a balón parado y en jugadas algo confusas. Le faltaban toque y precisión y le sobraban pelotazos. Un cabezazo de Torres que lamió un poste, un disparo de Antonio López que sacó bajo palos Ángel y un despeje de Lequi sobre propia puerta, llevaron la emoción a la grada, desesperada con el quiero y no puedo del alocado Petrov.
Los madrileños no lograron definir ante un Celta que esperaba su oportunidad, que la encontró y que no la desaprovechó. Era el principio del fin para las aspiraciones locales.