La mañana deparó varias fotocopias en imágenes. Cada vez que la carrera se detuvo, el coche de seguridad ingresó en la pista y condujo a los potentes monoplazas, Fernando Alonso cobró algún tipo de ventaja. Por ahí mostró su superioridad, en las vueltas de apariencia inocua, las que llevan a los bólidos como ovejas detrás de su pastor. El asturiano perdió la ventaja en segundos que tenía con el británico Jenson Button o el finlandés Kimi Raikkonen, pero luego la restableció en salidas lanzadas.
Cuatro veces se paró la prueba y otras tantas hubo que reemprender la marcha. Y siempre extrajo beneficios el piloto de Oviedo. Sucedió así, según sus palabras: «Después de cada parada me iba muy fácil de los demás. A Button no me resultó difícil adelantarle. De hecho tuve que levantar el pie en la recta para no comérmelo. Y en los otros 'safety car' conseguí engañarlos».
«Hubo tres paradas e hice tres cosas diferentes para que no me pillaran el truco -explicó el campeón del mundo-. Sobre todo en el último, pude aprovechar cuando vi detrás de mi a un Midland. Como él (el portugués Monteiro) iba mucho más despacio que yo en el último sector, dejé mucho espacio y empecé a tirar a cuatro curvas de meta cuando nadie se lo esperaba. Y así logré distanciarme y luego mantener la ventaja».
Impecable ritmo
Por ahí conquistó Alonso unos segundos respecto a Button y Raikkonen, pero no fue esa la clave de la carrera, sino su impresionante ritmo por cada vuelta. Del giro 13 al 17 fue marcando el mejor tiempo del día de forma encadenada. Hasta que llegó Raikkonen y estableció la vuelta rápida a quince kilómetros del final. «Las paradas no fueron cruciales, puesto que después conseguía irme en carrera. Me he sentido muy rápido durante todo el fin de semana y el coche ha funcionado a la perfección».