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Lunes, 3 de abril de 2006
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Motor
Varado a cincuenta metros
El piloto británico Jenson Button, que partía desde la 'pole position', rompió el propulsor de su monoplaza Honda en la recta de llegada cuando iba a ser quinto
SUSTO. El Honda de Button suelta una llamarada al romper el motor a la entrada de la recta de meta, que sorprende a Giancarlo Fisichella. / EFE
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No era el resultado que vaticinaba su 'pole position', pero Jenson Button iba a recoger un mal menor. Cuatro puntos en la mochila, guarismo correspondiente a su quinta posición en el Gran Premio de Australia. Camino de ese botín corría el británico cuando treinta segundos antes ya había cruzado la raya Fernando Alonso y ofrecía su rito gestual con las manos (los dibujos del 'Chavo del 8') y las palmas (ayer innovó con una especie de movimientos pendulares de las manos como si fueran las orejas de un caballo). Button giró a derechas con Fisichella pegado a su chepa y su Honda comenzó a echar humo y luego a arder.

Todo Albert Park y hasta los telespectadores empujaban al vehículo del inglés, que comenzó a perder potencia, a ceder velocidad, a intentar un agónico aterrizaje en la meta -ya superado por el italiano- y, finalmente, a quedarse varado como una ballena en la playa. Button, el hombre de la 'pole', suspendido en la calamidad a cincuenta metros de la raya.

Fue como la reedición en idioma ingles del célebre «trata de arrancarlo, por Dios, Carlos, trata de arrancarlo», aquella frase de Luis Moya que machacó a Sainz en el RAC con la victoria del Mundial a la vista. O la torpeza inconclusa de aquel espectador que quiso fotografiar a Guerini mientras el escalador pedaleaba furioso hacia el triunfo en la cumbre de Alpe d'Huez. El italiano paladeó la fatalidad de la caída por culpa del insensato aficionado que le tiró a menos de un kilómetro, pero no perdió el triunfo.

Button ingresó en su box a través de una valla, la que comunica el campamento de los coches con la pista. Allí se quedó después de 56 vueltas y cinco kilómetros y doscientos metros. En la sexta línea de la parrilla, mascando la ruina sin más gas en su Honda.

«Estoy muy contrariado, claro -dijo el inglés flemático-. Acabar así el fin de semana después de realizar esta carrera y haber conseguido la 'pole'... Pude intuir que algo no iba bien con el motor en la vuelta 13. Y fue una dificultad que me acompañó hasta el final de la carrera en una dura batalla por conservar el coche».

Button había sostenido hasta la fecha la potente inversión de Honda en un equipo totalmente administrado por el fabricante japonés. Fue cuarto en el estreno de Bahrein y tercero en Malasia para un total de once puntos. Si hubiera terminado la carrera de ayer, sería el segundo en la general del Mundial, con quince puntos, trece menos que Alonso. Y era el soporte porque Rubens Barrichello había ofrecido dos fiascos consecutivos, decimoquinto en Sakhir y décimo en Sepang. Y aunque ayer inauguró su casillero (dos puntos), en Honda todo giraba en torno al caso Button.

«Es realmente frustrante que Jenson no haya podido acabar la carrera», dijo Barrichello. El implicado acotó el foco de algunos problemas en los Honda. «El coche es fuerte cuando los neumáticos cogen temperatura, pero cuando no lo hacen tenemos muchos problemas de agarre a la pista. Ahora tenemos dos semanas para efectuar ensayos antes de Ímola (23 de abril) y espero que arreglemos los problemas».

El único consuelo posible para Button es que no será penalizado. Si su desgracia hubiera ocurrido cien metros más adelante, con el quinto puesto en su haber y el motor roto, hubiera sido sancionado con la pérdida de diez posiciones en la parrilla de Ímola dentro de dos semanas.



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