HA sido un 'tsunami' de noticias que despeja el panorama de escepticismo sobre el futuro industrial más inmediato. La ampliación del horno alto B de Arcelor España de la factoría de Gijón consolidará la cabecera siderúrgica asturiana -salvo el caso improbable de la llegada de Paco Mittal con la rebaja- y también tendrá, obviamente, efectos muy positivos sobre la ampliación de El Musel. La modificación del Plan Energético Nacional para agregarle la regasificadora muselina es asimismo una aportación esencial para garantizar la funcionalidad operativa del nuevo puerto. Ambos hechos harán más ardua la tarea del equipo habitual de heraldos de la catástrofe.
Cosa distinta es el embrollo de comunicación o informativo sobre el ferrocarril de alta velocidad Madrid-Gijón. También en este caso los hechos son tozudos. De la nueva línea de AVE están en marcha o adjudicadas la mayor parte de las obras de la variante de Pajares y anexos, o sea, La Robla-Pola de Lena. Hace siete u ocho años nadie lo hubiera creído. Entre Madrid y Valladolid habrá línea de AVE en 2007, lo que servirá a continuación para acortar el viaje Madrid-Gijón en distancia y tiempo con trenes de ejes de ancho intercambiable. Entre Valladolid, León y La Robla ya están en estudio los proyectos para la alta velocidad. Habrá, pues, AVE Madrid-Pola de Lena, pero no en 2009, dígalo quien lo haya dicho, sino tres o cuatro años después. Véase lo que duran las aún inacabadas obras del AVE Madrid-Barcelona, cuyos plazos fijó el Gobierno anterior.
Queda la incógnita del tramo Pola de Lena-Gijón. La parada en Oviedo en un trayecto de unos 60 kilómetros condicionará la decisión final, pero hecho nuevo todo el itinerario previo, esto sería lo de menos.