DECIDIDO a tratar de resolver todas las cuestiones pendientes antes de que se acerquen las próximas elecciones, el Gobierno afronta ahora la reforma de la Seguridad Social. Una reforma de este tipo ha provocado en otros países europeos multitudinarias y violentas manifestaciones, como es el caso de Francia, y amenaza con convertirse en un problema de honda reacción social en Alemania. En España, la llegada masiva de inmigrantes y su posterior regularización ha aportado nuevos, contribuyentes al sistema publico y nos está permitiendo un tiempo para abordar la situación con más tranquilidad.
Sin embargo, no hay soluciones imaginativas que puedan adoptarse ante un problema tan simple: el número de los que tienen derecho a cobrar una pensión se incrementa más rápidamente que el de los que aportan dinero a la caja de la Seguridad Social. La única solución es retrasar el mayor tiempo posible la llegada de nuevos pensionistas y disminuir el importe de la pensión con la incorporación de nuevas y más estrictas exigencias. Y en ello está el Gobierno, dispuesto a indemnizar a cualquier trabajador que quiera seguir trabajando más allá de los 65 años y a no computar las pagas extras como periodo de cotización.
Lo incomprensible es que, ante este panorama, el Gobierno esté poniendo dificultades a cualquier medio que pretenda complementar esa menguante pensión futura. El Ministerio de Economía y Hacienda ha propuesto empeorar las características fiscales de los planes de pensiones individuales y los planes de empleo, que quieren ser un complemento de la pensión pública, incluso para quienes tienen una menor capacidad de ahorro. En un primer momento, Hacienda pareció dispuesta a defender estos productos, tratando de obligar a las entidades financieras a que los comercializaran en unas condiciones no abusivas en el cobro de comisiones. Sin embargo, al poco tiempo decidió que lo mejor era dejar de apoyarlos, probablemente convencido de que quien tiene capacidad de ahorro, aunque sea muy pequeña, no merece el incentivo de la Administración Pública. Este discurso fiscal sólo puede tener una continuación: ahora de lo que se trata es de animar el consumo, de incrementar la demanda interna para que el crecimiento económico no decaiga. Y cuando venga la jubilación... ya improvisaremos otro discurso. ¿Qué inquietud te provoca el sentirte futuro pensionista!