Iván de Santiago es joven y abogado. Como tal, preside desde hace tres años la Agrupación de Abogados Jóvenes de Oviedo. La asociación nació hace dos décadas con vocación de ayudar a los letrados que se incorporaban a la profesión, pero a principios de 2000 entró en crisis y estuvo a punto de desaparecer. Iván de Santiago peleó por la supervivencia de la agrupación. Hoy se felicita por su consolidación y por haber duplicado el número de adeptos. Llegan a los 460.
-¿A qué problema se enfrentó la agrupación?
-Hubo problemas con el Colegio de Abogados porque se quería subir en cinco veces más las cuotas mensuales. Desde la agrupación, entendimos que teníamos que oponernos. Nos quedamos tres miembros de la junta guerreando para intentar impedir esa subida. Evidentemente, no lo logramos.
-Pidieron nuevas elecciones para la agrupación a Justo de Diego.
-Pero no se nos hizo mucho caso, porque éramos rebeldes y era mejor tenernos un poco apartados. Así pasamos dos años, con lo cual mucha gente se olvidó de que existía la agrupación. Casi desaparece.
-¿La llegada al decanato de Manuel Herrero cambió las cosas?
-Afortunadamente con su llegada se convocaron las elecciones, salió nuestra lista y empezamos a hacer cosas.
-La opinión de la agrupación ha sido escuchada en relación al cambio de modelo del turno de oficio.
-La Dirección General de Justicia contó con las matizaciones del Colegio de Abogados y de nuestra agrupación.
-¿Qué es lo que piden?
-Más dinero y más calidad. El turno de oficio está muy mal pagado por el ministerio. Nosotros decimos que hay que asegurar que el ciudadano tiene más calidad del servicio prestado por el abogado, pero a cambio hay que pagarlo en condiciones dignas. Ningún profesional cobra 60 euros por estar disponible 24 horas. Tener un profesional del Derecho las 24 horas no puede costar eso.
-¿Cuándo verá la luz la reforma del turno?
-Cuando el Principado tenga las transferencias. Es la eterna historia.
-En la entrega de medallas de oro de la asociación, el magistrado Agustín Azparren lamentó que jueces y abogados caminen por sendas paralelas, no unidas. ¿Lo comparte?
-Nosotros creemos que los jueces, por encima de todo, son personas; no pueden endiosarse. Resuelven las vicisitudes de los ciudadanos de a pie y los abogados siempre se ponen a disposición de ellos para todo, sólo pedimos idéntica disposición. Es lo que dijo Agustín Azparren, siempre hemos ido paralelos, pero jamás nos sentamos a comer en una mesa. A lo mejor es hora de hacerlo.
-Los juicios rápidos supusieron un gran cambio para la justicia. ¿Qué opina de ellos?
-Como todo en esta vida, funcionan para unas cosas y para otras no. Es lógico que se pueda juzgar una alcoholemia, una pelea en un bar, un hurto, pero no que se pretenda despachar en un juicio rápido un tema de violencia conyugal.
-Esos casos requieren un periodo de instrucción dilatado.
-Estos temas merecen que se transformen en procedimientos abreviados, en los que las partes tengan la posibilidad de contradicción y de articular toda su defensa. Los juicios rápidos no te dan tiempo a recaudar testigos, ni conseguir documentación.
Violencia de género
-¿Cree que hay un 'boom' de los asuntos de violencia de género?
-Sí, extraordinario. Yo no sé si verdaderamente somos tan bárbaros o si este 'boom' obedece a otros intereses oscuros.
-¿A qué se refiere?
-A que hay denuncias de violencia de género que no responden a lo que la violencia de género encierra. Antes, cuando una pareja discutía, por supuesto sin haber agresión, se trataba de una discusión entre dos personas que conviven, ahora éso es violencia de género. No se puede prostituir el sistema.
-Estos casos y los municipales colapsan los juzgados.
-Los partidos tendrían que alcanzar el compromiso de que los juzgados no están para vendettas personales y partidistas de los políticos. El gran ejemplo es que la mayoría de las denuncias que se suceden entre grupos municipales acaban archivándose. Los juzgados ya tienen bastantes problemas como para tener que escuchar las tonterías de los grupos políticos, digámoslo así. Haría falta un gran pacto de limpieza política.