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Domingo, 9 de abril de 2006
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GIJÓN
IGNACIO ALVARGONZÁLEZ PRESIDENTE DE LA JUNTA MAYOR DE HERMANDADES Y COFRADÍAS DE GIJÓN
«Me molesta mucho que se asocien las procesiones con el folclore, aquí tenemos una identidad más sobria»
«Me parecería bien que se potenciase la Semana Santa como reclamo turístico, pero ese no es nuestro trabajo» «Ser creyente y manifestarlo en público en los tiempos que corren exige valentía y ser un poco echado p'alante»
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Ignacio Alvargonzález empieza con la Semana Santa una vorágine que le ocupa todo su tiempo, menos el indispensable para el sueño. Al frente de la junta de cofradías gijonesas desde hace seis años, asegura que entre ellas hay «una competencia sana» mientras se prepara para vivir intensamente «mis días más importantes del año».

-¿Hay que ser de una madera especial para ser cofrade en los tiempos que corren?

-El único requisito es ser creyente. Y ser creyente y además manifestarlo públicamente exige valentía y ser un poco echado p'alante. Aunque es ahora cuando parece que vamos a contracorriente, lo cierto es que nunca fue fácil profesar la fe cristiana.

-¿Qué estereotipo lleva peor de cuantos circulan en relación con las hermandades y cofradías?

-Los que nos asocian con una manifestación folclórica o con un simple espectáculo. Sin duda, esas son las dos identificaciones que más me molestan.

-Pero me imagino que será poco menos que imposible poner a los jóvenes a procesionar en plena efervescencia del 'macrobotellón'?

-Es una tarea difícil, pero menos que en otro tipo de actividades dentro de la Iglesia. Las cofradías gijonesas tenemos entre 10 y 15 altas por año y siempre hay gente joven entre esas incorporaciones. Eso quiere decir que nuestra sensibilidad o forma de vivir la fe sí llega a un sector de la juventud.

-Confiese. ¿Ha sentido usted alguna vez sana envidia de las grandes procesiones de Andalucía y Castilla y León?

-Un poco sí por la cantidad de gente que arrastran y movilizan sus cofradías. Pero quienes participamos en la Semana Santa gijonesa tenemos una identidad diferente, más sobria y austera, que a mí es la que me llena.

-Por esas latitudes es normal ver a fieles llorando o extasiados. ¿Somos aquí más contenidos con las emociones?

-Es una reacción normal con independencia de dónde se produzca. Yo la entiendo, porque a mí también se me han saltado las lágrimas. A los penitentes no se nos advierten las emociones porque llevamos el rostro tapado. Y si bien al público le puede impresionar una determinada imagen, a nosotros que vivimos la procesión desde dentro lo que nos llega es el silencio, la devoción y el respeto que vemos a nuestro alrededor.

Mejorar la imagen

-¿Considera que a la Semana Santa de Gijón se le podría sacar un mayor partido turístico?

-Sí, porque son días en los que realmente no hay otras actividades que puedan competir en cuanto atractivo para los visitantes. En ese sentido, me parecería bien que se potenciase la divulgación de la Semana Santa como reclamo turístico. Sin embargo, ese no es el trabajo ni el objetivo de las cofradías.

-Se ha cumplido ya una década de la recuperación de las procesiones en la ciudad tras 20 años de parón. ¿Qué es lo que no se ha podido rescatar de la tradición y qué mejoras caben para el futuro?

-Lo que se ha perdido por el camino son algunas imágenes y la oportunidad de que algunas generaciones de gijoneses se involucraran en esta manifestación pública de fe. En cuanto a las mejoras, siempre se puede elevar la calidad incorporando nuevas imágenes como el año pasado y éste. Otra posibilidad es mejorar la calidad y la dignidad de la presencia en la calle de los cofrades, pero sin caer por ello en la espectacularidad.

-¿Tendrá esta Semana Santa una connotación especial por el reciente anuncio del alto el fuego permanente por parte de ETA?

-Lo veo difícil. Aunque me figuro que este posible principio del fin de ETA va a estar presente en el ánimo de los cofrades gijoneses, creo que el proceso aún está en un nivel demasiado incipiente como para marcar el desarrollo de las procesiones. Por otra parte, esta será la primera Semana Santa con Benedicto XVI al frente de la Iglesia y seguro que habrá un recuerdo especial también para Juan Pablo II, que falleció el sábado siguiente al último Domingo de Resurrección.

Elogios a Benedicto XVI

-Hablando de pontífices. ¿Qué opina del actual sucesor de Pedro?

-Personalmente no puedo hablar nada más que bien de él. Desde su época de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, un puesto difícil, le he seguido y he leído sus aportaciones. Pienso que tiene una talla intelectual impresionante y escribe con una coherencia que te engancha. Por eso, y por su preocupación por la unidad de los cristianos, considero que tenemos por delante un gran pontificado.

-¿Está a favor del sínodo?

-Mi predisposición es total, porque el objetivo es lograr una mayor comunión entre los que formamos la Iglesia asturiana. Y las cofradías, como realidad asociativa dentro de ella, creo que deberíamos tener una participación activa.

-Ahora sincérese. ¿Qué es lo que siente cuando se enfunda la indumentaria de nazareno y se cubre la cabeza con el capirote?

-Las sensaciones son encontradas. Por una parte siento tensión, porque son momentos de nerviosismo en que tengo que estar pendiente de la organización y de los detalles. Pero también me invade una emoción muy particular.

-¿Cuál cree que es, a la vista de su trayectoria de cofrade, su mayor penitencia?

-La falta de paciencia. Aflora durante las procesiones cuando me pongo nervioso y les echo broncas a los hermanos y hermanas. Todo es por afán de perfeccionismo.

-Y a quién pondría usted ahora mismo a hacer penitencia.

-A quienes no son capaces de respetar que alguien manifieste públicamente su religiosidad. Se trata de gente que no nos entiende, nos critica y nos ofende y además está dentro de la propia Iglesia.

-Y quién está en estos momentos en pleno vía crucis en la ciudad.

-El Sporting y un partido político.



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